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El puñetazo de Laporta

Joan Laporta en la reunión ordinaria del senado

Joan Laporta en la reunión ordinaria del senado

La gira de Japón y Corea es una gran oportunidad: visibilidad internacional, ingresos comerciales, vinculación con sponsors, guiños a nuevas culturas, impulso de marca, y muchos minutos para que los chavales suden tanto como en la Ciutat Esporitva, pero con sentido económico. Es. Pero en el momento de escribir este artículo, no sé si será… Ahora mismo es cancelación, explicaciones surrealistas y una credibilidad que se tambalea por promotores e intermediarios inauditos y, en todo caso, nada fiables.

¿El malo de esta película? Me importa bien poco. Aquí estamos, con los billetes anulados y las nuevas camisetas sin estrenar. Sé que el Barça no es el culpable de la situación, pero sí aparece, desgraciadamente y a los ojos del mundo, como el protagonista del desaguisado. Esto no va de Cubarsí, Pedri o Lamine Yamal. No. Esto va del Barça, y el Barça no puede depender de lo que hagan tres chicos sobre el césped mientras fuera de él reina el despropósito.

No nos equivoquemos, el talento en el campo puede ganar… pero solo una estructura experimentada, meticulosa y exigente asegura que esos triunfos se conviertan o no en perdurables y en un proyecto de largo recorrido. ¿Quién revisó el detalle de la gira y resto de compañías intervinientes? ¿Quién garantizó su solvencia en tiempo y forma para poder detectar y evitar este fiasco, no con 12 h. de antelación sino con, al menos, 12 días de reacción? ¿Quién aprobó este show?

Porque si nadie lo hizo, tenemos un problema, pero si alguien lo hizo en nombre del club, sin rigor ni exigencia, tenemos dos problemas. Lo que ha ocurrido es una bofetada evitable. Evitable con profesionalidad. Evitable con planificación y vigilancia. Evitable con seriedad. Pero claro, eso exige tener una dirección capaz de pensar y ejecutar más allá de las encuestas, o, cuando menos, tener una dirección.

Me gustaría pensar que estamos solo frente a un accidente, pero, últimamente se suceden demasiados, y veo al presidente una y otra vez, contra las cuerdas, y eso duele, y quien lo tambalea no son los puños del rival, sino su propio rincón. De poco sirve que Laporta se enfade y “foti un crit” que haga temblar todos los despachos de la casa, hace falta un puñetazo, y no un puñetazo al rival, sino un sonoro puñetazo sobre la mesa. Uno que enderece la nave bajo una dirección general seria que hoy, por lo que vemos y sufrimos, no existe. Nuestras metas, sin timón, son solo deseos, y el Barça no vive de eso. Laporta se juega mucho. Nosotros, los culés, todo.