Opinión | Tuercebotas

Periodista y escritor
PSG-Bayern: la victoria del cruyffismo
La ambición ofensiva del PSG y el Bayern, que encajaron goles para buscar la victoria, contrasta con la estrategia defensiva de otros equipos, igual de legítima pero mucho más aburrida

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En tiempos como estos, en los que las palabras se tuercen, los resultadistas suelen acusar a quienes defienden el buen juego de “superioridad moral”. De las múltiples líneas de ataque al Barça de Pep Guardiola esta fue una de las más importantes: Pep meaba colonia y era un falso humilde porque, en realidad, pensaba que era superior al resto y que su manera de entender el juego era la única legítima. Xavi sufrió el mismo tipo de críticas y, en general, quienes defienden la máxima del Barça: solo jugando bien se ganan títulos. La última entrega de las acusaciones de superioridad moral se dio en la doble eliminatoria entre el Atlético de Madrid y el Barça en Copa y Champions. Un maestro resultadista como el Cholo Simeone golpeó y noqueó al Barça a pesar de que, en el cómputo global de los cuatro partidos de las dos eliminatorias, el Barça jugó mejor y en muchos momentos, bien. Eso sí, escribir esta frase ya me convierte, a ojos de los resultadistas, en culpable de superioridad moral.
¿Qué es jugar bien? se preguntan los resultadistas, como quien divaga sobre el sexo de los ángeles. La respuesta es sencilla: lo que hicieron PSG y Bayern de Munich esta semana en el partido de ida de las semifinales de la Champions League. Traducido: excelencia física y técnica, voluntad de crear, ansia de ataque, innegociable deseo de marcar goles. Intentarlo implica equivocarse, y en fútbol los errores se pagan. ¿Jugaron PSG y Bayern bien en ataque y mal en defensa? No. Asumieron que para marcar goles por tierra, mar y aire, ellos encajarían. No son Luis Enrique ni Vincent Kompany los inventores de esta forma de jugar. Fue Johan Cruyff quien dijo aquello de que el objetivo es marcar un gol más que el contrario. Los resultadistas, en cambio, buscan encajar un gol menos que el adversario. Son dos mundos.
Recibir cuatro goles en una semifinal (o cinco)
Cuando el Inter de Milán eliminó al Barça en semifinales la temporada pasada se convirtió en verdad que no puedes aspirar a pasar una semifinal de Champions si encajas cuatro goles. El Bayern concedió cinco y el PSG, cuatro, y uno de los dos avanzará a la final. De nuevo, hay dos formas de afrontar el problema: si marcas tres y necesitarías haber marcado cuatro o has encajado cuatro y tendrías que haber concedido tres.
Bayern y PSG levantaron el martes un monumento al cruyffismo. Como Hansi Flick lleva haciendo en el Barça los dos últimos años, Pep toda su carrera y otros entrenadores en equipos mucho más modestos, como Eder Sarabia en el Elche. La ironía de la conversación sobre la superioridad moral es que, datos en manos, quienes adoptan el credo cruyffista ganan mucho. Casi siempre en las ligas, la Champions, tan caprichosa y cruel con los errores, es cierto que se les resiste más.
Es lícita cualquier forma de jugar y de intentar ganar en el fútbol. Uno de los encantos de este deporte es que equipos inferiores pueden ganar partidos y títulos a adversarios superiores, como demuestra la trayectoria del Real Madrid en Champions de la última década. No escribiré que hay una forma mejor que otra de jugar. Pero sí escribo que entre la forma de jugar a no perder de entrenadores como Simeone, Mourinho o Ancelotti, y la forma de jugar a ganar de Pep, Luis Enrique, Kompany o Flick yo prefiero siempre la cruyffista. Porque es eficaz y, además, mucho más divertida.
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