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Proteger al equipo de las turbulencias electorales

Laporta da por cerrado el calendario electoral que culminará el 15 de marzo

Laporta da por cerrado el calendario electoral que culminará el 15 de marzo / Dani Barbeito / SPO

¿Qué sucede cuando se cruzan unas elecciones explosivamente mediáticas con un equipo en crecimiento y jugándose todos los títulos en el momento culminante de la temporada? Ayer asistimos a la primera prueba de este curioso experimento, y lo cierto es que salió razonablemente bien. Convocadas ya oficialmente las elecciones y fijado el calendario electoral, el equipo de Flick, aunque no jugó el partido de su vida, resolvió el choque de manera solvente, en una segunda parte en la que pasó por encima de su rival tras haber empezado excesivamente confiado y poco ambicioso. 

Con una plantilla llena de jugadores de la casa, que conocen perfectamente las vicisitudes históricas de las grandes familias blaugranas y la capacidad del entorno para enrarecer el ambiente, es inevitable poner la fecha de las elecciones bajo una lógica sospecha. Nadie duda de que votar en marzo era lo más conveniente para la junta de Laporta, que legítimamente ha pensado que este era el mejor momento para sus intereses, puesto que evitaba tener que depender de la pelota si las votaciones se realizaban a final de temporada. Es potestad sagrada del que gobierna decidir cuándo se termina el mandato, y sería muy ingenuo esperar que el que pilota la nave no piense también en lo que más le conviene. Otra cosa es debatir si todo el ruido ensordecedor que rodea inevitablemente a una campaña electoral va a ser lo más idóneo para un equipo que debe estar concentrado al cien por cien en sus objetivos.

Nos hemos pasado la vida escuchando esto de que las elecciones mejor a final de temporada para no desestabilizar el equipo, pero parece que este concepto también ha pasado a mejor vida. De momento, el proyecto competitivo, alegre y solvente de Flick merece un gran margen de confianza, porque lleva un año y medio demostrando que es capaz de aislarse de todas las minicrisis que inevitablemente rodean a un club históricamente instalado en la bronca.

Lo que ya es un hecho irreversible es que el Barça institucional se separará en los próximos días del Barça futbolístico. Es lo que tienen las urnas. Son democráticas, son bonitas, estamos orgullosas de tenerlas. Pero pueden ser ruidosas, y generan inestabilidad. Sin embargo, ¿qué preferimos? ¿Turbulencias democráticas, como en el Barça, o una falsa paz autoritaria, como en el Madrid? La pregunta no merece ni respuesta. El reto mayúsculo que tiene el Barça ahora mismo es proteger el equipo sin autodestruirse en el proceso electoral. Tendremos que abrocharnos los cinturones, una vez más.