Busquets calentó en la banda junto a Leo Messi, también suplente

De primero de Piratería

OPINIÓN

Jordi Costa

@jordicosta1

La nueva suplencia de Messi ayer dio coherencia a su descanso en Turín. Se confirma que, pasada la treintena, el argentino ha comprendido que debe prescindir de los partidos irrelevantes. Esta gestión lógica de los esfuerzos por parte de Valverde se inscribe en un once con sólo cuatro potenciales titulares el domingo en Villarreal. Y, sin embargo, es lamentable la ausencia de futbolistas del filial en un partido idóneo para que adquirieran experiencia. Ninguno.

Cero.

La escasa utilización de jugadores del Barça B en las últimas temporadas con el primer equipo, un fenómeno agudizado en la actual, lleva a preguntarse para qué quiere la entidad el fútbol base. Este año, con una plantilla de 24 ‘seniors’, ni si quiera se contemplaba dejarles espacio. De modo que te quedas sin centrales de recambio por las lesiones de Mascherano y Umtiti, y pasa lo que pasa: ninguno de los del B -sólo Rodrigo Tarín, también lesionado- cumplía los requisitos de la UEFA para poder disputar la Champions. Ni David Costas, ni Cuenca, ni Martínez, ni Fali, ni Bueno. Por demasiado mayores o porque no llevan en el club dos años, ya que fueron fichados directamente para el filial.

Y es que la plantilla del Barça B se construyó, otra vez, como si fuera un equipo autónomo, pensada para sus propios objetivos, dotándola de jugadores expertos que pudieran ayudar a mantener la categoría, pero que no sirven para el primer equipo. Y los que supuestamente sirven, porque el club los señala como apuestas, llámenles Aleñá, Oriol Busquets o Cucurella, tampoco son llamados a la mesa de los mayores en un partido tan propicio como el de ayer. Ni siquiera sirve como excusa el hecho que el B tenga partido de Liga el viernes contra el Sporting, porque la mayoría de los citados se entrenarán con el primer equipo durante la semana; pero aunque el argumento fuera ese, digo yo que el objetivo prioritario debería ser que aprendan el oficio en primera línea continental.

Y lo peor es que, una vez hecha la apuesta indisimulada por la permanencia en detrimento de la formación, resulta que el filial ha caído a posiciones de descenso tras ocho jornadas sin ganar. Ojalá los chicos de Gerard remonten el vuelo, pero su historia es el reflejo evidente de que el Barça ha perdido hace tiempo de vista lo que la base debería representar para la entidad. Deberíamos exigir que, por lo menos la clase media del primer equipo, salga de abajo. Por filosofía y por economía. Hoy, eso parece una utopía.

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