Opinión
El presidente en campaña

Laporta estalla contra el Madrid en la cena de Navidad / FCB
Laporta ya está en campaña. Aunque aún no lo haya dicho. Aunque aún no toque. Aunque pueda decir que no. Su ventaja es que sólo él sabe cuándo visualiza elecciones. La campaña no empieza cuando se convocan. Empieza cuando se ocupa el altavoz. Y Laporta tiene el más grande de todos: el Barça.
Su presidencia le da conferencias en grupos de comunicación emblemáticos. Le da programas de televisión para mostrarse lo más humano posible. Eso sí, pintoresca y lazarillesca versión del protagonista, descontando lo inventado. Los mentirosos son compulsivos, ya saben...
Cerró su primera gira mediática en la cena de Navidad del club, retransmitida, cuidadosamente, en diferido. Un discurso que fue mitad mitin, mitad monólogo del club de la comedia. Vestido totalmente de negro para la ocasión, mitad portero de discoteca, mitad 'crooner' de Las Vegas.
Fue Laporta en estado puro. Ese personaje que no sabes si está dirigiendo el club más grande del mundo o probando material para un late show. Chiste fácil. Mensaje épico. Todo mezclado, como la escudella.
Agradecimiento a los enemigos revisitados (le funcionaron bien en la última campaña). Aplauso y risillas garantizadas entre los empleados (buena parte, familia y amiguetes). No habló como presidente. Habló como candidato. Y, eso lo cambia todo. Porque cuando el presidente utiliza el cargo para construir relato electoral, el Barça deja de ser institución y pasa a ser escenario, el suyo. El club, una vez más, es un decorado. La presidencia su micrófono.
Eso sí, comunica. Siempre ha sabido. Sabe que en esos entornos nadie le va a frenar. Por eso exagera. Por eso teatraliza. Porque le funciona. Porque conecta con su público. Porque convierte la gestión en relato de fe.
Pero entre los socios, los que votan, no los que aplauden (muchos no tienen carnet, ni votaran), empiezan a existir líneas rojas. Y una ya se ha cruzado. Hansi Flick no puede formar parte del pack electoral. Y lo ha lanzado a la arena de la campaña. Y no debería. Ni por asomo.
Flick es un empleado del club. Como lo es un jugador. Ninguno de ellos puede, ni debe, ser utilizado como activo electoral. Ni directa ni indirectamente. El Barça no puede permitir que su entrenador sea cartel. Ni símbolo de nadie. Ni argumento de voto. Eso es instrumentalización. Y debería incomodar a cualquiera que quiera un club fuerte, no un club al servicio de una persona.
La afición debería estar alerta. No contra Laporta, por que hay los que le pueden defender. Contra la confusión. Contra la idea de que el Barça y la presidencia son lo mismo. No lo son. Nunca lo han sido. Y nunca deberían serlo.
Por cierto, aviso a la oposición (esa que debería entender que "less is more"), esto no va de todos contra Laporta; esto va de que club queremos, que obviamente no debería ser el latifundio de un señor.
Laporta ha arrancado. Con chascarrillo y con aplauso fácil. Allí se siente cómodo. Porque el Barça no es un monólogo. Ni una feria. Ni un escenario electoral en rueda de prensa prepartido. Es un club. Y merece algo más que un show electoral.
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