Opinión
¿Qué precio tendremos que pagar por el nuevo Camp Nou?

Prueba superada en el Spotify Camp Nou / Dani Barbeito
Fue emocionante entrar el viernes otra vez al templo donde todos los barcelonistas hemos construido nuestros sueños, cada uno a su manera. Al entrar, todos hicimos lo mismo: dirigir la mirada hacia nuestro asiento y pensar con los ojos brillantes en los que ya no están y en los que vendrán después de nosotros, en el ciclo eterno del barcelonismo. Empezar a volver a casa, aunque sea solo para un entrenamiento, es tan simbólico y esperanzador que sirve para ir olvidando todos los contratiempos, promesas incumplidas y múltiples vaivenes con las obras de los últimos meses.
La primera visión del Camp Nou produce un efecto muy curioso y fascinante a la vez: es tan reconocible que parece que sea exactamente el mismo. Se ha sido tan respetuoso con el primer Camp Nou del 57 que produce un emocionante efecto de continuidad y respeto con nuestra historia. Un servidor piensa que esta decisión es un grandísimo acierto, y que explica por qué el nuevo campo no está firmado por ninguna firma reconocida: en realidad, el arquitecto del nuevo Camp Nou es Francesc Mitjans, exactamente el mismo que el del viejo Camp Nou.
Sin embargo, preparémonos, porque no tardará en irrumpir el debate de si hacía falta reformar el campo y gastarse 1500 millones para dejarlo tal como estaba. En el barcelonismo nos encanta arrancarnos los ojos por el sexo de los ángeles: no descarten, pues, que nos hagamos el hara-kiri discutiendo sobre tradición y modernidad. Lo que seguro que son inevitables son debates sociales de mayor calado, como el precio que tendrán los abonos cuando el estadio esté acabado o sobre si los socios podrán mantener su antigua ubicación.
En 'RAC1', la vicepresidenta Elena Fort fue muy clara sobre los asientos: en más de un 80% de casos, el socio estará a una distancia de menos de 4 metros de su antigua posición. Buena noticia. En cambio, fue mucho menos precisa sobre si subirán significativamente los precios de los abonados con el campo ya acabado. La ambigüedad de Fort sobre este espinoso asunto denota el debate que ahora mismo hay dentro del club, que pronto se extenderá hacia el entorno.
¿Debe el Barça sucumbir a la tentación de dirigirse a una audiencia global de turistas ricos y poner los abonos a precios prohibitivos? ¿O debe preservar su carácter eminentemente popular, y garantizar a su masa social el derecho de ver fútbol a precios razonables, como ha hecho siempre? Simplificando: ¿será un club para el turista o expat millonario de Sri Lanka o para la familia trabajadora de Les Corts de toda la vida? Ojo, no vaya a ser que el enorme precio que tengamos que pagar para este espléndido nuevo Camp Nou sea el de nuestra propia identidad.
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