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Saber perder, el primer paso para volver a Châtelet

Lamine Yamal recibe el premio Kopa.

Lamine Yamal recibe el premio Kopa. / Associated Press/LaPresse / LAP

Mounir Nasraoui, padre de Lamine Yamal, no encajó bien que a su hijo no le dieran el Balón de Oro en París. Coincido con él en una cosa: el crack de Rocafonda es el mejor futbolista del mundo y es muchisimo más completo que Ousmane Dembelé. Entiendo la decepción por no haber visto a Lamine convertido en el ganador más joven de la historia y el primer catalán en levantarlo. Pero no, no existe nada raro en el resultado. Como tampoco lo hubo cuando se lo entregaron a Rodri, en detrimento de Vinicius, y el Madrid decidió hacer ese ridículo tan espantoso, suspendiendo el chárter casi en el despegue. Sainete que reprodujeron ausentándose el lunes, en otra tremenda demostración de soberbia y de no saber perder.

El podio de Châtelet  es producto de lo que votan cien periodistas de manera libre. Lo hacen en función de los criterios del trofeo, pero aplicando sus gustos personales. Normal. Hombre, si a mí me hubiera tocado votar, habría luchado para impedir que Pedri, para mí top 5 del mundo, quedará undécimo en el ranking. Una aberración. Y habría elegido al mejor, no al que mejores títulos o números tiene. Habría elegido a Lamine, como en el femenino eligieron a Aitana Bonmatí, la mejor futbolista de la historia pese a no ganar Champions ni Eurocopa. Pero si nos comimos el la foto de Cristiano en 2013, sin ganar nada, ya todo es digerible.

El Barça, como club, proyectó una gran imagen. Hizo todo lo contrario que su eterno rival y dio una lección. Acudió en masa, celebró sus premios, felicitaron a Dembelé y habló Joan Laporta. “Esto a Lamine le servirá de acicate”, dijo. Ese es el único mensaje válido para el genio. Seguir agitando el árbol hasta que la fruta caiga. No hay otro.