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Carme Barceló

Carme Barceló

Periodista en SPORT

¿Pasillo? Al fondo, a la derecha

En Barcelona cuentan las horas para ganar otro título, mientras en Madrid suman una nueva temporada repleta de fracasos

Florentino con Mbappé

Florentino con Mbappé / Sport

La zona noble. La cúpula. Cuando se habla del Real Madrid y de sus dirigentes solemos utilizar una nomenclatura grandilocuente. Entiendo que, quizá, son vestigios de aquellos tiempos en blanco y negro en los que no se discutía nada y se decía amén a todo. Lo cierto es que hablar de Florentino Pérez provoca un estiramiento de diversas partes del cuerpo y un estrés del sistema nervioso. Algunos tragan saliva. Otros mudan la faz. Y los más, pasan de puntillas sobre la figura del presidente para evitar males. Mayores y menores. Es un código no escrito de supervivencia y un ‘no a la guerra’ de manual.

Los días pasan. Los siglos, también, y da la sensación de que en este club se vive en el que ya dejamos atrás. Lo que funcionó, sirvió, asustó y gobernó entonces, con el minuto 93 y el espíritu de Juanito por bandera, ha quedado obsoleto. El siglo XXI en general y las temporadas 2025 y 2026 en particular han demostrado que hay estilos sin estilo que ya no ganan. Que el miedo viene de más lejos. De otras culturas y de otras cuentas corrientes. Que los vestuarios son solidarios y que se trabaja duro más allá de la épica. Y que las estrellas deben bajar la intensidad del brillo para ganar títulos y premios individuales.

En Barcelona cuentan las horas para sumar otro título. El quinto de la era Flick, el nombre propio de esta época exitosa bajo mínimos económicos. No alcanza para la Champions League pero apuntala un equipo ganador al que, con un par de incorporaciones de alto nivel, sí le da para seguir avanzando hacia el título continental. En el camino, no lo olvidemos, han aprovechado muy bien el tiempo. Ganar dos Ligas consecutivas marcando la diferencia en el ser y en el hacer debe ser recordado, insistido y aplaudido. Lo que en Madrid es grandilocuencia, aquí son los despachos. La ‘feina’. Donde se curra, donde se acierta, donde se yerra y donde, con lo que hay, se trabaja ‘ben d’hora, ben d’hora’. Los dirigentes pasan y el buen hacer desde la base, queda. Sin obviar la realidad, que vemos en cada partido de la Premier o en el PSG, hay otras más pequeñas que se han hecho hueco con paso firme. Y orgullo de pertenencia.

Estos 1.790 caracteres escritos hasta este párrafo tocan mucho las narices en el seno del Real Madrid. Han finalizado la temporada combinando a un empleado del club sin experiencia con una Bota de Oro y un casi Balón de ídem que, juntos, se molestan. Y, separados, van a la suya. Los complementan unos jugadores bastante quemados que no saben a qué agarrarse porque no hay una línea argumental que seguir ni un libro de estilo que leer. Eso sí, la rabia les señala el camino y, si de ellos depende, no habrá pasillo para felicitar al ganador porque la mancha de Negreira sigue extendida y anula los éxitos. Excusas de un mal perdedor que envía al excusado a todo aquel que ose dudar de sus valores. ¿Cuáles? Los que mostró Mbappé en la última Supercopa arengando a sus compañeros a marcharse al vestuario y no felicitar al campeón. Al fondo, a la derecha. Ahí están localizados. Y que mal olor desprenden.