Opinión

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'Nunca pasaremos de cuartos', y otras letanías desfasadas

Nico Williams en un entrenamiento / Lavandeira Jr / EFE
El España-Bélgica de esta noche podría ser un partido generacional, uno de esos encuentros que marcan la frontera entre un Mundial correcto y otro sublime: así sucedió durante muchos años, sin ir más lejos en 1986, cuando España y Bélgica se midieron también en cuartos de final de un Mundial, con el resultado conocido: derrota en los penaltis y el regreso de la frustración histórica y de la vieja letanía.
“Nunca pasaremos de cuartos”, se decía en la prensa y en la calle, asumiendo que España nunca sería una potencia futbolística mundial. De vez en cuando se ganaba un Tour de Francia, o un Roland Garros, pero pensar en la selección en lo más alto de un Mundial era demasiado: un cierto pesimismo sociológico instalado en el ADN de todo el país.
Nada de eso existe ya: España juega hoy unos cuartos de final de un Mundial y lo hace como favorita. Se podrá ganar o no, porque Bélgica es quizá la selección que más ha crecido durante el Mundial, de un inicio insípido a unos octavos de final muy convincentes, pero más allá del resultado sería interesante que el equipo sea reconocible. Valiente, atrevido, fresco, alejado de la especulación: esa España puede quedarse fuera porque en un partido hay miles de factores en juego, pero que el partido sirva al menos para verse reflejado en el equipo, para que el aficionado pueda irse a la cama orgulloso de lo que ha visto.
La historia reciente ha enterrado aquel viejo pesimismo que rodeaba a la selección. Ya nadie habla de la Furia, por ejemplo: los más jóvenes ni siquiera saben qué significaba aquello, una palabra que en el fondo, resumía las carencias de la selección, que lo fiaba todo al carácter.
O a la fuerza: ‘Sabino, a mí el pelotón, que los arrollo’, en los albores de la selección, hace más de un siglo. La historia es la que es, y nunca está de más tenerla presente, precisamente para poder superarla y avanzar.
El fútbol español puede presumir hoy de muchas cosas de las que carecía no hace tanto: disfrutemos de ese crecimiento, de tener a la selección mirando a la cara a las mejores del mundo, en un momento en el que el mundo ya no es solo Europa y Sudamérica.
Seamos justos en la crítica y en el elogio: si España queda fuera, ¿es necesario desmontar todo el proyecto y cruficar al seleccionador? Probablemente no. Y si España progresa, ¿merece la pena lanzar las campanas al vuelo y preparar ya una celebración en la final?
Probablemente tampoco. Hace tiempo que en el fútbol la mesura ya es un valor a la baja, pero no estaría de más ampliar el foco, tomarse un tiempo antes de opinar a la ligera y recordar que hace 40 años, todo era rabia, frustración y furia.
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