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El papa Francisco, siempre Cuervo

El fallecido pontífice fue un acérrimo hincha del San Lorenzo de Almagro, que bautizará con el nombre Bergoglio su nuevo estadio

El carnet de socio del Papa Francisco de San Lorenzo de Almagro

El carnet de socio del Papa Francisco de San Lorenzo de Almagro / Agencias

"Un tipo puede cambiar de todo: de cara, de casa, de familia, de novia, de religión, de Dios... pero hay una cosa que no puede cambiar, no puede cambiar de pasión", dice el personaje Pablo Sandoval en la película 'El secreto de sus ojos' de Juan José Campanella. No podía ser de otra forma que Argentina, el país de Diego Armando Maradona, el Dios del fútbol, diera al mundo al Papa más futbolero en la milenaria historia de la Iglesia. Karol Wojtyła, Juan Pablo II, fue un esforzado portero aficionado, pero Jorge Mario Bergoglio fue en vida un hincha acérrimo de San Lorenzo de Almagro y socio registrado del club. Afortunadamente para su fe, Francisco no tuvo que elegir entre su religión, su Dios y su pasión. En su muerte, el club ha anunciado que el nuevo estadio que está construyendo llevará el nombre de Papa Francisco. 

La afición del Papa por San Lorenzo le viene de familia, ya que su padre también fue socio del club. Además, el equipo tiene lazos muy fuertes con la Iglesia. La historia cuenta que, en 1908, en el barrio de Almagro de Buenos Aires, un sacerdote salesiano, Lorenzo Massa, ofreció el patio de la iglesia a unos chavales que jugaban al fútbol en la calle. Los chicos se llamaban los Forzosos de Almagro (con este nombre, suena que pertenecían más a la escuela bilardista que a la menottista, las dos facciones que décadas después dividirían para siempre al fútbol argentino), y el cura les puso como condición que cambiaran el nombre del equipo. Nació así San Lorenzo de Almagro. Sus aficionados son conocidos como los Cuervos, dado que era habitual ver en los partidos a sacerdotes vestidos con sotanas negras. "Siempre Cuervo. Siempre nuestro", rezaba esta semana un tuit del club en redes, con una fotografía del Papa mostrando una zamarra del club con el número 9. 

Coherente con la obra de Francisco

Los orígenes humildes del club, su vínculo con una labor eclesiástica de base, de barrio, volcada con los desfavorecidos, en una ciudad donde los clubes también eran centros sociales y culturales, y su identificación con clases populares, son coherentes con la obra y la palabra de Francisco. Entronca también con el papel que muchos clubes (y el fútbol en general) han jugado en Argentina y en otras ciudades y países, y que hoy persiste, incluso en estos tiempos de gran espectáculo de masas profesionalizado. Es también propio del trabajo de una parte sustancial de la Iglesia católica. 

El fútbol sigue siendo hoy un meteórico ascensor social que permite pasar de Rocafonda al estrellato en unos meses. Pero, además, muchos clubes (profesionales, y muy a menudo aficionados) tejen, a base de paredes, caños, pases, goles y atajadas, una red social que busca objetivos más modestos pero igual de trascendentes que el estrellato de unos pocos elegidos: ahuyentar a los chicos de la pobreza, de la droga o de la criminalidad; crear una comunidad para quienes la vida ha repartido malas cartas. Otros deportes juegan papeles similares (el boxeo en Estados Unidos, por ejemplo): espacios seguros en los que la cancha, el cuadrilátero, el vestuario, el entrenador y los compañeros se convierten en refugio, familia y punto de fuga de una realidad en la que hace mucho frío. 

Sigue siendo así en muchos países, sobre todo en aquellos más humildes, con Argentina, Brasil y numerosos países africanos a la cabeza. En Europa, es habitual que las comunidades de inmigrantes depositen en el fútbol gran parte de sus esfuerzos de integración y sus sueños de billete exprés a la fortuna, como puede verse en la diversidad de las canteras de los grandes equipos. 

Gente humilde, colectivos de emigrantes, esfuerzo y talento... son algunos de los colectivos y temas que han marcado el papado de Francisco y constituyen también uno de los mejores rostros del fenómeno social del fútbol. No son contradictorios con esta función social que el fútbol ha cumplido y sigue cumpliendo, de ahí que no sea tan extraño que este hombre religioso fuera un hincha apasionado del club de toda su vida. "Un tipo puede cambiar de todo: de cara, de casa, de familia, de novia, de religión, de Dios... pero hay una cosa que no puede cambiar, no puede cambiar de pasión." Francisco pudo mantener su religión, su Dios y su pasión por San Lorenzo de Almagro. "Siempre Cuervo. Siempre nuestro."