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Opinión | Tuercebotas

Joan Cañete Bayle

Joan Cañete Bayle

Periodista y escritor

Más allá de la ovación a Mirotic y Saras

El caluroso recibimiento al entrenador y el ‘crack’ montenegrino es una censura a la errática gestión de la sección de baloncesto del Barça

Mirotic, ante la grada de los 'Dracs' en el Palau

Mirotic, ante la grada de los 'Dracs' en el Palau / DANI BARBEITO

Los caprichos del calendario, infernal en el caso del baloncesto, han querido que en un plazo de pocos días el Palau Blaugrana haya recibido a dos mitos recientes del básquet azulgrana: Nikola Mirotic y Sarunas Jasikevicius. Los dos fueron recibidos con aplausos por la afición azulgrana, que no olvida que el último gran equipo de baloncesto del club estuvo dirigido en el banquillo por Saras y liderado en la pista por Mirotic. Su balance fue de dos Ligas ACB, dos Copas del Rey y tres finales a cuatro de la Liga Europea perdidas como las suele perder el Barça: de forma inesperada, en una tormenta perfecta de detalles adversos. 

El regreso de los dos mitos ha coincidido con horas bajas de la sección. En las dos temporadas sin Saras, dos entrenadores (Roger Grimau y Joan Peñarroya) han intentado devolver al equipo a la senda del triunfo, sin éxito por ahora. En la pista, los fichajes estrella (Willy Hernangómez, Jabari Parker, Kevin Punter) no han logrado aún que el equipo alcance el nivel de la plantilla que lideró Mirotic. Los fieles del Palau, al aclamar a Mirotic y Saras, también censuraron de forma implícita la gestión de la sección en los últimos años, en los que se han pagado los problemas financieros de la entidad. El actual proyecto, que lidera Juan Carlos Navarro, nació de las cenizas del despido de Mirotic y Jasikevicius. El Barça de baloncesto, como le sucede al de fútbol, transmite la imagen de ser errático. La diferencia es que, en el caso del baloncesto, la cantera no salva al equipo. Lógico, teniendo en cuenta que para cualquier niño que destaca en baloncesto, jugar en el Barça no es trampolín para alcanzar su sueño americano. 

Del Banco di Roma al Efes

En la comparación con el Real Madrid, siempre inevitable, la perspectiva histórica de los últimos años deja mejor al proyecto de los blancos, sobre todo por su buen rendimiento en la Euroliga. Al Barça, la Europa baloncestística nunca se le ha dado bien, y su historia está plagada de derrotas grabadas a fuego, del Banco di Roma de Larry Wright hasta el Anadolu Efes de Larkin y Micic. Al Real Madrid, en cambio, se le caen de las manos los entorchados europeos, como sucede en el fútbol. 

En el caso del baloncesto, el Madrid tuvo la paciencia, el acierto y la suerte de construir una base nacional de su plantilla que lo llevó a lo más alto. Los Llull, Rudy, Sergio, etcétera, como antes Felipe Reyes, mantuvieron una línea constante en un proyecto que supo, además, sacar a jugadores extraordinarios de la cantera (el propio Mirotic, Doncic) y fichar de forma acertada en un deporte en el que la rotación de las plantillas es continua. Esta temporada, el equipo de Chus Mateo parece tan extraviado como el Barça, pero en su caso da la sensación de ser la consecuencia lógica del fin de un proyecto. El problema en el Barça parece menos coyuntural. 

Un club polideportivo

 Es muy difícil ser un club polideportivo. Tanto, que el caso del Barça es único en el mundo. Al equipo de fútbol masculino hay que sumarle el femenino, el baloncesto, el balonmano, el hockey sobre patines y el fútbol sala. Siendo el Barça, la excelencia es obligatoria en cada competición, y ello conlleva inversión. El presupuesto del Barça de baloncesto sigue siendo alto a pesar de los recortes, pero hay que tener en cuenta otros factores al analizar si el club es realmente competitivo en una Euroliga convertida en la segunda mejor liga del baloncesto del mundo tras la NBA y que atrae cada vez a más inversores, como hemos visto este año con la irrupción del París Basketball. Por ejemplo, la fiscalidad: un 30% en Grecia, un 15% en Turquía, un 0% en Mónaco y un 45-50% en España, con algunas excepciones amparadas por la Ley Beckham. En masa salarial, Barça, y también el Madrid, tienen muy duros competidores y tampoco son líderes. 

Es más imprescindible que nunca, pues, construir proyectos que vinculen al club y al equipo con la ciudad y la afición, con ánimo de perdurar, al menos en las piezas clave. Mirotic y Saras tenían esta intención, y se rompió esa relación. Los aplausos con los que fueron recibidos en el Palau reflejan que se trató de un error que a la afición le cuesta mucho entender y que la sección sigue pagando. El margen de equivocación de los despachos en el baloncesto de hoy es muy estrecho.