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Orgullo, análisis y cero excusas, ruta para crecer

Lamine Yamal, durante el partido de vuelta de cuartos de final de Liga de Campeones entre el Atlético de Madrid y el Barcelona

Lamine Yamal, durante el partido de vuelta de cuartos de final de Liga de Campeones entre el Atlético de Madrid y el Barcelona / Sergio Pérez / EFE

Hansi Flick, en la previa ante el Espanyol, soltó un titular: “La liga es el día a día, pero lo más importante es la Champions”. Para mí, un error. Ahora, el título grande que queda es la Liga, que será la segunda consecutiva. Y contra el Madrid de Mbappé. ¿Nos va a saber a poco? En general, todos coincidimos: hay un equipo joven, una base de La Masia que ilusiona, un genio de 18 años cocinado en casa y un margen de mejora altísimo. De verdad, ¿debemos meterles tanta presión para que levanten ya un torneo que, incluso con Messi, se ganó menos de lo imaginable? El caso del Madrid no debe confundirnos.

La reflexión de Hansi es contracultural en un club que siempre creció al amparo de la liga. No hay un Barça campeón de Europa que no lo fuera de España. Porque su cordón umbilical siempre fue el juego, y ganar desde el juego trasciende el doble que hacerlo desde la individualidad o la épica, pero cuesta mucho más. Dice Guardiola que es imposible ganar una liga sin jugar bien; no así en la Champions, donde los detalles te someten. Tiene razón. El Barça no los dominó ante el Atleti y sucumbió, pese a ser mejor.

Flick debe presumir de lo que tiene, un gran equipo; y ser consciente de lo que le falta, que es plantilla. Se vio en el Metropolitano. Rashford y Lewandowski no aportaron nada y no ha encontrado recambios ni para Raphinha ni Pedri, ni para Frenkie. La receta es sencilla: preservar a esta generación de oro, depurar excusas, hacer autocrítica, tomar decisiones y pedirle al club que invierta de verdad. Y a la gente, que celebre las ligas, las ponga en valor y recuerde siempre de dónde viene el club.