Opinión

Redactor de la sección Barça
Lo que ocurrió ante el Rayo
Lo que pasó es la historia del Real Madrid en blanco y negro mostrada en color a todo el mundo

Vinicius simuló varios penaltis ante el Rayo Vallecano / EFE
Pasan los años, los lustros y las décadas y penalti para el Real Madrid. O nueve minutos de añadido. O expulsiones a la carta. O designaciones sospechosas. Pasan los años y nada pasa porque el Real Madrid sigue siendo el equipo más beneficiado por el colectivo arbitral desde que el fútbol es fútbol y el arte de la manipulación viste de blanco. Cuando alguien dice que los equipos más favorecidos por los del silbato son Barça y Real Madrid, una estrella deja de lucir en la vía láctea porque la ha apagado de un soplido el conjunto blanco.
El Barça, para ganar (¡qué triste es asumir esta cicatriz hecha credo en la piel de un barcelonista!), debe hacer muchísimo más que su rival, dentro y fuera del campo. Lo de Negreira, una de las mayores cagadas en la historia del club, lo fue porque se mantuvo en el tiempo y, sobre todo, porque si el objetivo (lo de los informes no se lo cree nadie) era influir de alguna manera en el estamento arbitral, que no directamente en el resultado, el resultado fue nulo y todo lo que ganó el Barça lo hizo por méritos propios y solo un necio es capaz de discutirlo. Ese es, de hecho, el argumento que esgrimen quienes piensan que el dinero se perdió en el fondo de bolsillos codiciosos.

Vinicius, discutiendo con jugadores del Rayo Vallecano / EFE
Las pataletas de la propaganda madridista son las del niño al que se lo han consentido todo y no entiende de límites. Vestirse de víctimas enumerando los goles que les ha anulado el VAR es vivir en otro planeta, es salir en uno de esos concursos televisivos de canto en los que el intérprete se cree Sinatra mientras el resto ríe, es ser François Pignon con mal fondo. Las cámaras que antes dominaban hoy retratan a un equipo ridículo que sigue llorando jornada tras jornada mientras Vinicius y Mbappé opositan a los Razzie con caídas esperpénticas que les convertirían en el hazmerreír del planeta fútbol si no fuera porque los únicos que les compran la actuación son los árbitros.
Sí, lo que ocurrió ante el Rayo Vallecano fue dantesco y lo peor es que seguirá pasando porque va en su ADN, es la forma en la que siempre ganaron, la fórmula inoculada también en quienes aprenden a profesar su fe. Dios los cría y ellos se juntan. Cada simulación, cada queja, cada lamento minimiza sus éxitos, que alguno habrá habido sin necesidad de ayudas, y los convierte en caricatura, en esperpento.

El penalti de la vergüenza. Guruceta se inventó una pena máxima (de Rifé a Velázquez) que dio aire al Madrid / EFE
Es muy injusto competir con diferentes reglas, pero, en el fondo, hacerlo convierte los triunfos blaugranas en especiales y les da más sentido. Cada título del Barça es verdad absoluta en contraposición a la mentira en la que los comediantes blancos a los no les importa ganar desde el engaño han convertido al Real Madrid. Lo que ocurrió ante el Rayo es la historia madridista en blanco y negro mostrada a un mundo enganchado a una pantalla en color. Es hoy una patraña universal.
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