Opinión

Colaborador de SPORT
Objetivo Madrid: ser el Barça los 90 minutos
El baby Barça supo sufrir en la segunda parte pero ya sabe lo que hay que hacer para ganar la final: jugar como en la primera

Lamine volvió a sentar cátedra en el Metropolitano / Valentí Enrich / SPO
La final antes de la final acabó con el Barça en la final de la Copa. No se preveía un partido fácil y no lo fue porque el Atlético de Madrid tiene una de las mejores plantillas de España, pero el equipo de Hansi Flick dejó, especialmente en la primera parte, una sensación de superioridad azulgrana extraordinariamente agradable para los aficionados azulgrana. Y todo fue posible porque el equipo decidió ir al Metropolitano con el firme convencimiento, simplemente, de comportarse como el Barça.
Y eso que el Cholo Simeone intervino desde el vestuario. De entrada, pidiendo a sus jugadores una agresividad intimidatoria que, efectivamente, los rojiblancos llevaron a cabo desde el minuto uno. De hecho, a los seis, José Luís Munuera Montero fue benévolo con una entrada de Azpilicueta a Raphinha que acabó con una tarjeta amarilla que era, como mínimo, naranja. Antes del descanso, amonestaciones también para De Paul y Julián, por lo mismo, y para el Cholo, por caldear el ambiente.
Ante esto, fidelidad a una idea: presión alta -con Koundé y Balde arriba del todo-, balón -69% de posesión durante la primera parte- y control del juego buscando alternativas al marcaje de De Paul sobre Pedri para que el canario no pudiera entrar en juego.
La consigna fue darle el balón a Lamine Yamal que, un partido más, estuvo sobresaliente. Ante tanta intervención de Javier Tebas no sería de extrañar que el presidente de LaLiga denunciara que el Barça, con él, juega con 12 futbolistas. Su pase en el 0 a 1 de Ferran, antológico y durante el resto de la primera parte, también.
Los cambios del Atlético sacudieron la segunda mitad pero entonces el Barcelona le dio otra lección a Simeone en aquello que seguramente más valora el técnico argentino: supo competir, aguantando la salida y la gran ocasión de Sorloth, las patadas a los tobillos de Lamine y Eric, los saques de esquina finales y, también, los nervios de tanta juventud jugándose estar en otra final.
La segunda parte es mejorable y demandó más control pero el baby-Barça, con la tensión con la que se vive cada partido en el estadio del Atlético, tuvo ayer una experiencia fabulosa para su crecimiento colectivo.
Quizás en un futuro cercano, cuando el equipo de Flick esté mucho más maduro, cuando estos futbolistas hayan jugado muchos partidos como éste, cuando todo gire todavía mucho más redondo, tal vez ese día, todos nos acordemos del Atlético-Barça del 2 de abril de 2025.
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