Opinión
Negreira es una gran mentira
El ex árbitro es un muñeco usado por todas las partes para tapar sus vergüenzas

Enríquez Negreira en la Ciutat de la Justícia / Elisenda Pons
Lo de Negreira se ha convertido en una coletilla, una expresión añadida a cualquier charla de bar entre cuñaos que también sirve para tertulias de radio o discursos presidenciales navideños cutres. Negreira sirve para todo porque, en el fondo, es como decir “hola, soy Edu, ¡Feliz Navidad!”. Negreira no le importa a nadie, es ya un nombre comodín tan usado que ha perdido sin significado ni valor. Ni siquiera pertenece ya a su propietario legítimo, el ex vicepresidente del CTA, una figura caricaturizada de forma tan exagerada que ni él mismo debe reconocerse en el espejo.

Florentino Pérez cargó por el caso Negreira / EFE
Los periodistas Sique Rodríguez y Adrià Soldevila, del programa ‘Què t’hi jugues’ de la Cadena Ser, deben estar flipando. Los dos, en un ejercicio ejemplar de su oficio, ejecutado con rigor y responsabilidad, han sido y siguen siendo señalados e insultados por dar luz a un escándalo mayúsculo y vergonzante cuyos responsables se han convertido prácticamente en unos héroes para el barcelonismo. El madridismo sociológico, con su actitud estúpida y paranoica, se ha convertido en el mejor aliado de todos y cada uno de los presidentes del Barça que aceptaron, promovieron e incluso incentivaron el pago a un charlatán trilero sin escrúpulos ni moral.
Apuntando al césped para tapar sus miserias durante la etapa más gloriosa del Barça en sus 126 años de historia, se convierten en cómplices necesarios de una estafa mayúscula, de un sistema corrupto indigno que saqueó las arcas del club blaugrana desde 2001 hasta 2018. En Barcelona, las carcajadas de sus responsables, viendo a Florentino Pérez soltar chorradas ante su rebaño, resuenan en cada esquina. El presidente blanco, tratando a su gente de imbécil y haciéndoles creer que aquello sirvió para pagar a árbitros que, a su vez, habrían ayudado a Leo Messi, ¡a Leo Messi!, a ganar todo lo que ganó, se ha convertido en el mejor barrendero de lo que sí se hizo rematadamente mal. Mientras insistan en apuntar hacia un silbato, quienes se llenaron los bolsillos seguirán disfrutando de botellas de vino tinto carísimas mezcladas con gaseosa y pagadas con billetes de 500 euros sin arrugas.

José María Enríquez Negreira, ex vicepresidente del CTA / EFE
Lo de Negreira, tal y como se ha contado, se cuenta y se seguirá contando, es una gran mentira con la que todos, los de allí y los de aquí, tapan sus vergüenzas. Si existiera la más mínima decencia a todos los niveles, tras años perdidos en los que se ha fracasado buscando una supuesta e inexistente corrupción deportiva, los esfuerzos se dirigirían hacia otros supuestos. Sin embargo, eso no ocurre y la razón por la que eso no ocurre es tan simple como simple es la forma con la que tratan a un pueblo atontado: hablar de lo que realmente pasó no le interesa a nadie.
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