Opinión

Colaborador de SPORT.
¿Donde está todo el mundo?

La actuación de Kovacs y sus ayudantes fue lamentable en el partido del Barça contra el Atlético / Siu Wu / EFE
Perdimos 0-2. Pero tranquilos: lo hicimos con elegancia exquisita. Perder, sí, ¿incomodar? ¡jamás! No vaya a ser que alguien se sienta molesto en la UEFA donde, si juega el Barça, el reglamento es orientativo y el criterio, directamente, ornamental.
Koke, un jugador que ya es pasado, fue repartiendo bofetadas a sus anchas… A los 31 minutos ya había perpetrado hasta 4 entradas dignas de detención policial… Nada. Posteriormente llegó la carrera de Cubarsí con Simeone. El delantero se dejó la pelota detrás y lanzó, de manera desesperada, su pierna hacia el espacio que ocupaba el central que le seguía, e impactó con él y… ¡Vaya!: Kovacs y sus secuaces decidieron no arbitrar, sino continuar con su guion: falta inventada, expulsión y gol visitante.
Por si faltaba coña, llegó la tercera agresión. Saque de portería, balón en juego (aunque alguno decidiera que solo era una sugerencia) y Pubill toca el balón con la mano dentro del área chica. Penalti de manual ¿Decisión? Ninguna. Ni VAR, ni duda, ni rubor. Y el reglamento, de nuevo, discretamente pisoteado. Y mientras, jugadores, staff y banquillo: correctos, silenciosos. Casi agradecidos. Ni una protesta, ni una queja, ni ese gesto inequívoco de rodear al árbitro impidiendo que se reanude el juego. Futbolistas ejemplares y educados hasta en la injusticia ¿Y en el palco? Silencio y estupor. Pero, como siempre, silencio. Hasta ayer, que, influidos por la rabia colectiva, se decidió intervenir con un comunicado…
¡Digamos ya basta! Basta de parecer las clarisas de Pedralbes. Ya solo nos falta llevar los huevos. Esto también va de incomodar. De presionar. El fútbol no se juega solo con el balón; también se juega con el orgullo, desde el cabreo y la exigencia, desde la queja que incomoda y obliga a la revisión. En Champions no basta con jugar bien. Hay que existir, y ahora toca elegir: seguir siendo bobaliconamente correctos o empezar a ser más perros, más desafiantes, más amenazantes. No para que nos regalen nada, sino para que dejen de robarnos en la cara mientras sonríen.
Quizá convenga que yo, pobre servidor culé, lo recuerde en voz alta: en Europa no se reparten diplomas de juegos florales de poesía, se reparten clasificaciones. Y quien no molesta, quien no estorba, quien no protesta… consiente. Quien no presiona, acepta. Todo muy educado, todo muy correcto… todo muy 0-2. Menos sonrisas y más ceja levantada y si hace falta, ensangrentada. Porque el fútbol, además de jugarse, se defiende. Y el miércoles, el Barça, no solo no se defendió, sino que se dejó agredir de nuevo ¡Basta!
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