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Denís Iglesias

Denís Iglesias

Redactor de Real Madrid.

Lisboa

Mourinho ya no es 'uno di noi'

El portugués aleccionó al Madrid de Arbeloa en Da Luz, donde el club blanco se someterá a los fantasmas del pasado que 'The Special One' conoce mejor que nadie

Mourinho celebra el tanto de la victoria del Benfica contra el Madrid.

Mourinho celebra el tanto de la victoria del Benfica contra el Madrid. / Armando Franca / AP

El mourinhismo nunca se extinguió en Madrid. Fue una corriente útil para cambiar el discurso y desgastar al Barça en una de sus mejores épocas. A los brazos del portugués se entregó una parte del madridismo que, aun viudo de su esencia, se encuentra ahora en la repesca de Champions ante una encrucijada moral: enfrentarse al hombre cuyo dedo les señaló el camino, como rezaba una desagradable pancarta en los años de plomo contra Guardiola.

Aunque Arbeloa se empeñe en repetir que The Special One sigue siendo uno di noi, el luso sabe que está ante la eliminatoria que puede devolverle a la primera fila. A la misma de la que le apartaron proyectos en los que nunca debió estar, como el del Fenerbahçe. Quienes siguen a Mou en Portugal asumen que ya no es el de antaño, pero también que en el Benfica ha vuelto a encontrar su lugar en el mundo.

Arbeloa: "Si llamo a Mourinho a las tres de la mañana, me coge, es 'uno di noi' "

Arbeloa: "Si le llamo a las tres de la mañana, me coge, es 'uno di noi' " / Atlas News

“El Mourinho de hoy es menos explosivo –quizá menos arrogante, aunque conserva esa arrogancia como recurso estratégico, utilizado cuando siente la necesidad de recordar a todos quién es– y más contenido, pero también menos arrollador. Ya no vive del choque cultural ni de la creación de una guerra permanente contra todo y contra todos”, cuenta a SPORT Luis Mateus, editor ejecutivo de A Bola y analista de DAZN Portugal.

Es consciente, por tanto, qué batallas puede librar y cómo hacerlo. Lo demostró en el encuentro heroico con el que se llevó por delante a Arbeloa, uno de sus niños, al que condenó a un nuevo doble asalto en el que el técnico del Madrid vuelve a partir desde la posición de alumno. En Portugal, Mateus y otros especialistas sostienen que el partido que enganchó al Benfica a la Champions dejó huella, tanto por la victoria como por la forma. Es decir, por un gol del portero Trubin que despojó al rey de su aura en su propia competición.

“No hay dos partidos iguales, pero quedó la sensación clara de que el Real Madrid se vuelve vulnerable cuando se le obliga a pensar, a ajustarse, a salir de su zona de confort. Y Mourinho siempre construyó parte de su carrera precisamente a partir de ese desconcierto impuesto al adversario”, incide Mateus en un diagnóstico que muchos madridistas podrían suscribir. Porque en el país vecino también son conscientes de que, si el Benfica tiene una oportunidad, es porque el rival sigue fiando su destino a las individualidades. El ego por encima del superyó freudiano que tan bien encarnaban Kroos y Modric.

Mourinho: "Le he pedido disculpas a Arbeloa por cómo lo he celebrado"

Mourinho: "Le he pedido disculpas a Arbeloa por cómo lo he celebrado" / Perform

El riesgo de un Bernabéu pidiendo su regreso

Por su parte, Arbeloa ha tenido que recurrir también al psicoanálisis para descifrar a una plantilla que parece ingobernable cuando el viento sopla en contra. Le ampara su experiencia como jugador, que le proporciona conocimiento del club. El problema es que Mourinho también conoce el know-how que opera en Valdebebas y, sobre todo, en el Bernabéu.

“Sintió sus contradicciones, fragilidades estructurales y, muchas veces, la soledad del cargo. Se sintió desprotegido, obligado a enfrentarse a la vez a sus propios aficionados y a los rivales. Sabrá, por tanto, reconocer el momento actual del club y comprender perfectamente el lugar en el que se encuentra Arbeloa”, sintetiza Mateus. En Da Luz se disputará la primera parte de una historia que admite muchos finales. Y uno de ellos puede ser el de un campo que vuelva a pensar en el regreso de alguien que ya no es uno di noi, porque, al fin y al cabo, está en el club del que siempre fue aficionado. Qué mayor amor puede haber.