Opinión | Tuercebotas

Periodista y escritor
Mourinho como síntoma
El nombre del entrenador portugués resuena en el Real Madrid ante la frustración de la 'operación Mbappé' y el reconocimiento de inferioridad ante el actual Barça de Flick

Mourinho y Vinicius hablan en el partido de ida de la Champions entre el Benfica y el Real Madrid. / JOSE SENA GOULAO / EFE
Olvídense de las estadísticas, de los puntos de diferencia al Real Madrid en la Liga, del balance de títulos ganados y perdidos por el Barça y los madridistas en las dos últimas temporadas, esas en las que Kylian Mbappé estaba destinado a imponer una tiranía blanca a base de goles. La vara de medir que de verdad muestra en toda su crudeza el impacto del Baby Barça de Hansi Flick sobre el segundo advenimiento de los galácticos es leer noticias como: “Mourinho tiene un ojo en el Benfica y otro en el Real Madrid: el entrenador prepara ya la próxima campaña en Lisboa, pero una llamada del club blanco lo cambiaría todo”.
Visto que una parte importante del madridismo parece haber lanzado la toalla con la Liga (una insensatez, siempre es prematuro rendirse antes de que matemáticamente el torneo esté decidido), y a la espera de que todos se pasen en bloque a jalear a Lamine Yamal vestido con la Roja, la veda de las elucubraciones de la próxima temporada ya se ha abierto en redes y medios. Y, oh sorpresa, no son los nombres de los jugadores los que copan las informaciones y los rumores, sino el de Mourinho.
Chelsea, Inter, Madrid
Esta película ya la hemos visto. Después de ganar la Champions con el Inter de Milán, tras eliminar al Barça de Guardiola, Messi e Ibrahimovic en semifinales, el Madrid se puso en manos del portugués para frenar por tierra, mar y aire al Barça. Su misión era acabar con lo que se preveía una larga hegemonía y para ello tenía las credenciales de sus duelos contra el Barça a los mandos del Chelsea y el Inter: 10 partidos jugados, 4 victorias del Barça, 3 del Chelsea y 3 empates, pero dos eliminatorias ganadas por Mourinho frente a una.
En esos partidos puso en práctica las artes que después perfeccionó en el Madrid: agresividad, fortaleza defensiva, contragolpes afilados, asedio al árbitro y guerra sin cuartel en las ruedas de prensa. Durante su estancia en el banquillo, su dedo marcó el camino al madridismo. Si las ruedas de prensa de Álvaro Arbeloa y sus referencias a Negreira ya son indescriptibles, las del actor original, de regreso a su escenario favorito, serían de otro nivel.
Como sucede en los tiempos de ‘mercato’, todo el mundo juega sus cartas: clubes, jugadores, entrenadores, representantes y prensa. Tal vez la fiebre Mourinho de estos días sea un pasatiempo de verano sin base real. Pero el simple hecho de que su nombre esté en la palestra y que muchos madridistas lo apoyen simboliza el fracaso de la ‘operación Mbappé’ y la transición planificada del Madrid campeón de Kroos, Modric y Benzema al de Vinicius, Mbappé y Bellingham. Porque el factor esencial, identitario del mourinhismo es el reconocimiento de inferioridad ante el Barça. Esa misma inferioridad que los jugadores del Madrid escenificaron en el primer clásico en el Bernabéu cuando celebraron en coro como un título la victoria en un partido de Liga antes de Navidad.
El fútbol no tiene memoria, suele decirse, por este motivo hay que esforzarse en recordar. Ahora hace dos años, el último año de Xavi en el Barça daba sus coletazos, en un ambiente depresivo. El Madrid ganaba su última Champions, y a aquel equipo campeón iba a sumar a Mbappé. El Barça le oponía un agujero económico, un chaval de 16 años, un equipo imberbe y un entrenador al que despectivamente llamaban profesor de gimnasia. Dos años después, el buen juego, los títulos, el reconocimiento del mundo futbolístico y el crack están en Barcelona. Imperfecto aún, pero un gran equipo.
Y en Madrid, de nuevo, hay quien fantasea con Mourinho para vencerlo.
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