Opinión
El motivo por el cual el Florentinato puede derrumbarse

El presidente del Real Madrid Florentino Pérez durante la última asamblea de socios del club / EFE
Todos los regímenes caen, incluso los que parecen indestructibles. La larga era del Florentinato madridista se resquebraja irremediablemente, y aunque no hay que subestimar la capacidad de cualquier superpotencia para resucitar, esta vez el jefe supremo aparece por primera vez lastimosamente debilitado. Hay que recordar que el Real Madrid, más que un club de fútbol, ha sido antes que nada una fabulosa maquinaria de poder absoluto, que ha logrado durante cerca de tres décadas ejercer un control casi militar de las instituciones, los medios y la masa social.
La derrota en la Supercopa, combinada con el gran momento de su eterno rival, ha acelerado la descomposición de la Casa Blanca, que ve cómo sus tradicionales palancas para mantenerse en el poder empiezan a encallarse seriamente.
El primer síntoma de la decadencia fueron los conflictos con los vecinos del Bernabéu y el afloramiento de dudosos favores con el parking del estadio. Más tarde empezaron a arreciar críticas impensables en otro momento, y tras el varapalo en Arabia, la prensa ha empezado a señalar al emperador en sus portadas, un síntoma inequívoco de que hay quien está perdiendo el miedo. El último indicador del descalabro ha sido la monumental bronca de este sábado en el Bernabéu, con gritos de “Florentino, dimisión” incluidos, algo impensable hasta hace muy poco.
Gracias al férreo control de los medios, Florentino había logrado escapar de cada bache señalando al entrenador de turno, a los jugadores, o incluso a los árbitros a través de la propaganda oficial de Madrid TV, y siempre se había mantenido a flote con el sistema infalible de señalar a los otros y esperar a que los voceros oficiales siguieran el camino preestablecido.
En la crisis actual, se dan varios agravantes, desde la exuberancia del Barça, que actúa como un gran acelerador de la irritación en la masa social blanca, hasta su propia incapacidad para diseñar una plantilla mínimamente competitiva. Pero el catalizador definitivo ha sido ver cómo se agrietaba su imagen de ganador invencible. En el Madrid DF todo es permisible excepto la derrota.
El sistema mediático y empresarial vive de ganar, y el poder nunca puede mostrarse débil. La imagen de Florentino en el palco es últimamente la de un poder menguante, perdedor y extremadamente débil, justo todo aquello que detesta la red clientelar que lo sostiene y al mismo tiempo vive de él.
Cierto, en el fútbol ya hemos visto muchas veces inverosímiles giros de guion, y sin duda Florentino moverá sus hilos para salvar el imperio al precio que sea, incluso al de destruir jugadores como Vinicius para lograr mantenerse en el poder. Pero esta vez solo un milagro parece capaz de revertir el desplome. La ley de la gravedad es un principio universal, también para Florentino.
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