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El Barcelona logró un empate con el Olympique de Lyon en su reciente enfrentamiento por Champions League

El miedo a la derrota impide ganar

OPINIÓN

Ivan San Antonio

@sanantheone

El juego de la vida solo ofrece dos opciones a sus participantes: comer o ser comido. Los grises intentan sacar la cabeza para edulcorar tanta crueldad, pero, a la hora de la verdad, o comes o te comen. El progreso social solo sirve para maquillar la ley de la selva imperante desde mucho antes de que el mono bajara del árbol y agarrara un palo gracias a su capacidad prensil. Poco importa que quienes abrieron el camino de la humanidad se pasearan desnudos y ahora sus descendientes lleven corbata porque el refranero nos recuerda que “aunque la mona se vista de seda, mona se queda”.

Sobrevivir es ganar y la victoria depende siempre de correr sin mirar atrás, de buscar el éxito sin temor a perder, que es la peor manera de empezar a caer. Esta forma de entender la vida sirve también para entender el fútbol, que no deja de ser la traslación de la naturaleza humana a un rectángulo hecho de césped. Ganar o perder. Comer o ser comido es la disyuntiva que ahora mismo azota al Barça.

Valverde planteó un partido en Lyon para no perder y confirmó su apuesta con los cambios en la segunda mitad. Jugar con miedo a perder es la peor manera de empezar a hacerlo. El equipo solo creyó en la victoria en los últimos veinte minutos y ni las estadísticas de disparos a puerta evitan que las sensaciones fueran tristes. El Barça no jugó mal, pero tampoco jugó bien porque estuvo más pendiente de no perder que de ganar. De no ser comido que de comer, que es la única opción para alimentarse de títulos como la Champions, donde el miedo se paga muy caro. El Barça debió dar un puñetazo en la mesa como hizo ante el Tottenham y lo único que sonó en Francia fueron las quejas de su estómago vacío.

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