Opinión
Messi celebra y comparte su eternidad
Hace tres años, el argentino cerró el círculo virtuoso con el Mundial de Qatar y desde entonces se ha dedicado a regalar un 'bonus track' al fútbol, con Jordi Alba y Busquets como últimos beneficiados

Messi celebra la MLS Cup con sus compañeros del Inter Miami. / Associated Press/LaPresse / LAP
El fútbol moderno se ha convertido en una suerte de intercambio de poder que ha dejado el juego en un segundo plano. Los intereses económicos y geopolíticos dan toques al balón hasta el punto de dárselo al mejor postor. El gran beneficiado en los últimos tiempos ha sido EEUU, sede del Mundial de Clubes, del Mundial 2026 y el país que está gozando de un Messi crepuscular. Leo no deja de repartir felicidad entre los que nunca dejaron de confiar en el mayor talento vivo.
Cómo Leo da sentido al fútbol moderno
El Premio de la Paz de la FIFA que se ha inventado Johnny Infantino para Trump, como consolación por el Nobel negado, debería ser para el astro argentino. Messi se ha dedicado en los últimos años a celebrar su eternidad, liberado de los fantasmas del pasado. La victoria en la MLS le dio la paz a Jordi Alba y Busquets en la despedida de amigos y campeones. Él la encontró hace casi tres años en Qatar.
Desde la conquista Mundial, Messi le ha sonado al fútbol un bonus track generoso del que se han beneficiado viejos compañeros y aficionados. El 10 sigue siendo un ejemplo de talento bruto que va en contra de la sociedad hipeproductiva donde hay que estar corriendo todo el tiempo para sentirse útil. Es un profesional irrepetible que incluso le da sentido a inventos que no funcionan con nadie más.
Por ejemplo, la Messi Cam. Una retransmisión de los partidos de Inter Miami que solo le sigue a él. Es un ejercicio audiovisual hipnótico que pone al espectador al lado de la acción. Se ve a un general con el campo completo en su cabeza que domina el tempo del partido. Lejos de resultar extraño tenerle solo en pantalla, el fútbol se entiende por completo sin necesidad de ver el balón. Porque Leo está en las jugadas decisivas. Lógicamente, hay un efecto nostálgico.
Pero Messi se ha preocupado en los últimos años de no caer en la melancolía que atenaza a Cristiano Ronaldo, obsesionado con los 1.000 goles y reivindicarse como el mejor de una historia que le ha pasado por encima. No ha ganado ningún título de prestigio en Arabia, lo que para su mentalidad depredadora, que tan bien encajaba en el Bernabéu, es un fracaso.
El misterio del 'last dance' Mundial
Por el contrario, el argentino, que nunca se obsesionó con las comparaciones, celebra su eternidad en cada partido de un club y una liga que se acomodan a su momento vital. Todo, sin olvidar de dónde viene y alejado de las estridencias de otros viejos rivales como Sergio Ramos, presos de un síndrome de Peter Pan que les impide disfrutar del final del camino.

Beckham y Messi, tras ganar la MLS / Rebecca Blackwell
“Messi solo piensa en vivir al lado del Camp Nou”, confesaba David Beckham, copropietario de la franquicia a la que ha hecho campeona en dos años y medio. Leo no engaña a nadie. Su felicidad está en el templo donde se coló hace unas semanas. Sin estridencias, para recordarle al barcelonismo que, en el fondo, nunca se fue. Un ‘causa-afecto’ donde para él, lo mejor siempre está por llegar.
Reivindicar haber tenido una mejor salida no es rencor, sino un acto de justicia. En plena celebración de la MLS Cup, Jorge Mas ya lanzaba el siguiente reto: “En 2026 queremos ganar la Concacaf Champions”. Porque con Messi como núcleo se construye cualquier sistema operativo. Lo hizo en 2022 y se reserva el derecho propio de estar en el próximo Mundial como capitán, “pero no quiero ser una carga”. Como si el mero hecho de tenerle alistado no fuese ya un aliciente para un futbolista empeñado en celebrar y compartir su eternidad sin pedir a cambio nada más que un aplauso sincero.
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