Opinión
Menudo Pájaro

Lamine Yamal celebra su gol ante el Real Madrid. / EFE
Sí… Menudo pájaro, y no solo lo digo con total respeto, lo hago con devota admiración. Lamine Yamal no es solo un futbolista, ni siquiera es solo el mejor futbolista del momento. Lamine Yamal es un fenómeno. Pero no de esos que deslumbran y se apagan, como desearían algunos en Madrid, no, este niño -sí, niño aún, aunque con alma de anciano sabio-, es otra cosa. Es la conjunción perfecta de instinto, inteligencia, astucia y algo aún más raro en este mundo de la fama y el postureo: autenticidad. Domina el tempo del juego como si lo hubiese inventado él.
Y es que Lamine Yamal, no juega solo en el campo, sino también fuera de él. En la vida, su vida, cambia de ritmo, acelera, frena, y piensa siempre antes y por delante de los demás. Empezó asombrando con el balón, y no contento con ello, hoy da lecciones de comunicación y juguetea con los que le quieren mal, riéndose en su cara, sin que estos se enteren. Las cámaras lo adoran, jamás se le escapa una palabra de más, en cada entrevista, en cada aparición, proyecta con una madurez pasmosa, y envía, sin timbre ni precinto, respuestas antológicas. Él no cuenta, calcula. Él no actúa, interpreta. Él no habla, razona e ilustra. Porque Yamal no necesita fingir, y eso a muchos les perturba.
Y claro, luego está lo que muchos no entienden: que se puede tener un talento único, cuidarse como un atleta y, a la vez, divertirse como lo que es, un chaval. Que se puede llegar al entrenamiento fresco y con una sonrisa de oreja a oreja tras haberse pasado parte de la noche jugando a distancia con colegas a la consola o bromeando en un chat con los amigos del barrio. ¿Y por qué no? ¿Desde cuándo ser profesional excluye la alegría, la frivolidad o la osadía?
Este pájaro sabe desconectar, sabe reír, sabe vivir. Y, por eso mismo, porque llega del agujero más hondo, donde nadie llegaba para socorrer o salvar, también sabe sufrir y rendir. El placer, cuando vienes de bailar con la dificultad y de jugar con la carencia, es combustible. Y la provocadora ligereza con la que se mueve por la vida, retando a los cretinos y exhibiéndose ante los mezquinos, es parte de su magia. Lo que deslumbra a los que le queremos y desespera a los que le temen, en realidad, es su coherencia. Porque detrás de los brillantes que ahora luce, hay disciplina, y detrás de la opulencia, rigor. ¿Recuerdan un solo deportista de élite, uno solo, que llegara a firmar el contrato de su vida, cogido de la mano de su abuela?
Menudo pájaro. Espero que vueles alto, muy alto… Solo el cielo, es tu frontera.
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