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El Barça se impuso en un polémico final

Menuda risa el VAR del basket

OPINIÓN

E. Pérez de Rozas

Vale, yo, supongo que como usted, sabemos poco de esto. Es decir, de baloncesto. Sí sabemos, pese a los muchos partidos que hay a lo largo de la temporada, sea la competición que sea, ya me entienden, que esto acaba siempre, siempre, siempre, en el último minuto de un Barça-Real Madrid. Normal. El basket español se pasa el año jugando para el último minuto de un (perdón, de otro) Barça-Real Madrid.

Y, anoche, en un pabellón de Madrid, lleno de madridistas y con Florentino Pérez, el ‘ser superior’, que venía de ver perder a su equipo en el Santiago Bernabéu frente al Girona, no solo fue en el último partido, no solo fue en el último minuto (que acabó con el encuentro empatado y provocando una prórroga) sino que, señoras y señores, fue, en efecto, en el último segundo. ¡Y con VAR!

Y, aquí sí, de esto, del VAR, ya sabemos más todos (o creemos saber) y lo que nunca hubiésemos creído, ni pensado, lo que jamás hubiéramos supuesto del basket, un deporte más serio (se diría), mejor organizado (dicen, y el fin de semana largo de la Copa así lo demuestra), más atractivo y justo, se produjo: una auténtica vergüenza, una auténtica chapuza y una auténtica injusticia.

Porque, la verdad, aunque terminó ganando quien más se lo merecía, pues tanto el último cuarto, como la prórroga y esa remontada tremenda (el Barça llegó a perder de 17 puntos) fue íntegra y totalmente de los azulgranas, con el Real Madrid siempre a remolque y esperando el milagro de Llull, el final fue la viva demostración de que los árbitros de fútbol y el VAR del balompié es, casi, casi, por increíble que parezca, más justo que el del aro.

El partido, de justicia, lo debió de ganar el Barça mucho antes, cuando lo árbitros (que, como los del fútbol, ni siquiera fueron a ver el VAR) dejaron sin sancionar un manotazo de Randolph a Singleton, que por poco le deja sin brazo derecho al azulgrana. No se escuchó en el pabellón, pero pareció como si los colegiados gritasen “¡sigan, sigan!”, cuando la personal y los dos tiros libres era de libro. ¡De VAR! Y, luego, a falta de un segundo y poquíííííííísimo más, pitaron (esta vez sí vieron el VAR) un tapón ilegal del propio Randolph a Tomic, que no anotó pero al que le concedieron la canasta de la victoria.

En serio, ¡viva el VAR! del fútbol. En serio, ¡viva los árbitros del fútbol! Lo de anoche en la final de la Copa de basket fue una auténtica payasada ante los ojos de millones de aficionados que, como usted y como yo, sabemos poco de basket pero que, sin saber nada, vimos que ese final fue adulterado. Y, suerte, que, al final, de forma irregular, ganó quien más se lo mereció.

La verdad es que fue un domingo negro para Florentino Pérez, que, sentado en el palco del WiZink Center, de Madrid, separado por tres o cuatro invitados de Josep Maria Bartomeu, asistió, tras el desastre del Bernabéu ante el Girona (remontada espectacular hasta el 1-2, que le sirven a los catalanes para sacar cabeza tras 10 jornadas sin ganar), a la derrota, esta algo más dolorosa, pues se trataba de un título, del equipo de basket.

Y lo del Bernabéu, pues ya ven, son cosas que pasan. Sales a pasearte ante un equipo que se acerca peligrosamente al descenso, te pones 1-0, te crees que no necesitas el segundo (o que, cuando lo necesites, lo meterás enseguida) y te remontan pintándote la cara de perdedor. Eso le ha pasado también (y muchas veces) al Barça y ayer le ocurrió a un Real Madrid al que todos daban ya por recuperado y campeón de todo.

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