Opinión
Mbappé marcaría más goles en el Barça
El problema del Real Madrid no es Mbappé y su enorme e indiscutible talento, sino el modelo colectivo y todo lo que le rodea

Champions
Los jugadores y entrenadores de los grandes clubes europeos están sometidos a una presión especial, diferente a la de los equipos inferiores, porque el objetivo es ganar títulos. Empatar y perder no son buenos resultados, generan situaciones de estrés añadido y están expuestos casi diariamente a la opinión pública, tanto si las dinámicas de partidos y resultados van bien como si no.
La gestión de cumplir objetivos no depende exclusivamente del entrenador, su staff técnico y los jugadores, sino también del funcionamiento de la parcela deportiva, compuesta por director deportivo, secretario técnico, jefe de scouting, vicepresidente deportivo y, en situaciones especiales, también del presidente. Es decir, todos deben poner de su parte, cada uno en lo que le corresponde, para cumplir objetivos. Y, evidentemente, si no se consiguen, todos los mencionados tienen parte de culpa por no alcanzar la planificación deportiva marcada antes del comienzo de la competición nacional y europea.

Vinicius y Mbappé durante un partido / EFE
Por esta razón me gustaría analizar la situación deportiva del Real Madrid, porque los objetivos marcados cada temporada —ganar la Liga, la Copa del Rey, la Supercopa de España y la Champions— no se han cumplido. Aparte de no ganar ni uno de ellos en dos años, el despliegue futbolístico y el juego mostrado no han sido del gusto de sus seguidores y, evidentemente, no han disfrutado viendo los partidos en todas las competiciones. Además, el máximo rival, el FC Barcelona, en estos dos últimos años con Hansi Flick ha sido muy superior en los duelos directos, ganando y mostrando un fútbol mucho más atractivo, y también en los títulos.
¿Dónde está el problema del Real Madrid?
Una estructura deportiva distinta a la de los grandes europeos
No existe director deportivo, secretario técnico ni tampoco vicepresidente deportivo autorizado para participar en las reuniones que afectan al primer equipo y que tenga conocimiento de las situaciones presentes, de las intenciones a corto plazo, del análisis de lo que ha sucedido en el aspecto competitivo del equipo y de la información de cada uno de los jugadores de la plantilla para poder transmitirla a la junta directiva. Sí existe un jefe de scouting, con sus ojeadores, que está haciendo un muy buen seguimiento de los posibles fichajes para el primer equipo y de grandes talentos jóvenes como posibles incorporaciones para el segundo equipo.

La imagen más surrealista del Bernabéu con Florentino como juez de línea / El Chiringuito
Los agentes de los jugadores y las negociaciones de contratos se perfilan con el presidente, el director general y el área financiera, y evidentemente los jugadores lo saben. Automáticamente, esto da más poder de lo habitual al presidente y los mismos futbolistas, en ruedas de prensa o entrevistas, en muchas ocasiones transmiten la idea de que es importante que el presidente esté contento con su rendimiento o con ganar partidos, porque se sienten protegidos por el máximo mandatario de la entidad.
Las grandes decisiones y responsabilidad están en manos de la presidencia
En esta estructura deportiva, la figura del entrenador es más visible, pero más débil. No tiene poder suficiente para sentirse fuerte, no tiene la ayuda de un director deportivo o de un secretario técnico que le puedan corregir, asesorar, aconsejar, dar su opinión sobre los partidos jugados, sobre el rendimiento de los jugadores, explicar las intenciones sobre nuevas incorporaciones y, conjuntamente, perfilar la plantilla para la próxima temporada. Los directores deportivos y secretarios técnicos en los clubes son exjugadores, saben analizar partidos, saben lo que es un vestuario y son imprescindibles en los criterios de fichajes y para detectar posibles carencias y defectos del propio equipo. Los jugadores son conscientes de esto y algunos, conscientemente, y otros, inconscientemente, priorizan la satisfacción del presidente, aunque es el entrenador quien perfila a los titulares y gestiona los minutos de los futbolistas. Pero este sistema de gestión del club deja al míster en una posición inferior, le resta poder y automáticamente afecta a su credibilidad en el vestuario.

Valverde / 5
Así, se dificulta al entrenador convencer a los futbolistas de rendir al máximo nivel, implantar su sistema y, sobre todo, exigir trabajo defensivo, solidaridad, compañerismo y controlar los egos, que siempre han caracterizado a la plantilla del Real Madrid. Por esta razón, deportivamente, en los dos últimos años, incluso con la incorporación de Mbappé, el rendimiento deportivo del Real Madrid es muy discutido, polémico y sin ganar nada, con dos entrenadores destituidos (Ancelotti y Xabi Alonso) y camino de destituir a un tercero, Arbeloa, con un juego que no gusta, no convence, con aficionados frustrados y, sobre todo, con la impresión de que los futbolistas son incapaces de dar lo que pueden, lo que se espera de ellos. Y sorprenden las críticas a Mbappé, que está siendo cuestionado aunque es pichichi de la Liga con, de momento, 24 goles marcados de 68 del total del equipo, y también pichichi de la Champions con 15 goles marcados de 21 del total del equipo. Es decir, lleva, de momento, 39 goles en las dos competiciones y el equipo 89. Es casi la mitad. Me gustaría tenerlo en el Barça y estoy seguro de que incluso jugaría mejor y marcaría más goles. Ganaría más títulos, que es su sueño.

Florentino Pérez, Xabi Alonso y Arbeloa / Sport
Xabi Alonso no ha conseguido inculcar su visión y su sistema de juego a la plantilla: movilidad individual, coordinación de las líneas, circulación rápida, potenciar creatividad en construcción, dominar el tema Vinicius, implantar presión intensa y agresión en transiciones defensivas. En ofensivas, sí. La presión alta con Mbappé y Vinicius era muy estéril. Jugar con Valverde de lateral derecho era no aprovechar su creatividad en el medio campo, sus llegadas desde la segunda línea y su tiro potente y preciso desde la media distancia. Con el Bayer Leverkusen era más atrevido y valiente, y el equipo estaba más adelantado y asumía más riesgo. En cambio, en el Madrid había menos presencia en campo contrario. Su manera de llevar los partidos, gesticulando demasiado desde el banquillo y orientando o corrigiendo a los jugadores continuamente, afectó a su credibilidad de cara a la plantilla y también a la presidencia. En poco tiempo estaba cuestionado y su cese era cuestión de días.
Arbeloa mejoró al equipo en el aspecto defensivo, pero sin continuidad durante el partido. En determinados momentos, sobre todo en los primeros 20 minutos, parecía que los futbolistas estaban presionando bien, pero con el paso de los minutos bajaban intensidad y actitud defensiva. Dio mucha confianza a Vinicius, tampoco mejoró la presión alta con los delanteros ni la coordinación entre los defensas, sobre todo entre los centrales. La gestión de los jóvenes mejoró, pero ninguno de ellos se asentó como titular. En los grandes partidos, el equipo estaba demasiado atrás y salía al contrataque con transiciones ofensivas rápidas. Para mí, debía ser más atrevido y adelantar más líneas defendiendo, demostrar más personalidad y valentía siendo un grande de Europa. El equipo desprendía cierta vulnerabilidad y muchos altibajos en el rendimiento. Capaz de lo mejor y de lo peor: un equipo inestable. Sus ruedas de prensa tenían más tono institucional que un análisis del propio equipo o del partido jugado, sin suficiente autocrítica y señalando al colectivo arbitral como culpable al perder partidos.
Kroos y Modric
Es cierto que con las salidas de Modric y Toni Kroos, el Madrid es menos creativo, con más dificultades en elaboración y construcción, lo que supone menos ocasiones creadas, menos dominio, menos posesión de balón y, sobre todo, menos personalidad y liderazgo, algo determinante en los grandes partidos. En estos dos últimos años hemos presenciado a un Madrid que en pocas ocasiones ha demostrado ser capaz de dominar en los grandes escenarios, imponerse con su juego, dejándose dominar y esperando que Mbappé, Vinicius y Valverde, individualmente, con su talento y sin suficiente juego colectivo, ganen el partido. Hemos visto a un Real Madrid en los grandes partidos replegado atrás y jugando al contrataque. Vinicius es un extremo excelente, pero es muy polémico. Parece que es uno de los motivos de la destitución de Xabi Alonso y hay que analizar dónde está el problema. ¿Es el propio Vinicius o el Real Madrid no encuentra un entrenador que sepa gestionar un gran talento como él?

Florentino Pérez junto a Toni Kroos / EFE
La gran diferencia con el Barça
Saber que al lado del entrenador están el director deportivo y el secretario técnico, que los tres mandan, controlan y perfilan la plantilla, hace que los jugadores estén más en alerta, más centrados, sabiendo que están en manos de expertos y con todo el poder deportivo dentro del club. La actitud mejora, la entrega también y, evidentemente, fortalece mucho más la posición del míster y le da todo el poder sobre la plantilla.

Hansi Flick, sonriente antes del Osasuna-Barça / Valentí Enrich
Es el caso del Barça, donde Hansi Flick tiene todo el poder para gestionar la plantilla en las competiciones, pero juntamente con una dirección deportiva bien estructurada, coordinada con él y con mucha confianza. Esa dirección valora el rendimiento de los futbolistas y sabe que le ayudará en lo que necesita, con opiniones constructivas y con lo necesario para un funcionamiento profesional que motiva a los jugadores. Es fundamental, y esto los futbolistas lo sienten. El rendimiento que muestran no es una casualidad. Es una línea de trabajo acertada.
Para el buen funcionamiento de un club profesional, cada uno debe ser máximo responsable de su área, abierto a escuchar opiniones y consejos, pero los futbolistas deben notar y tener claro que el entrenador tiene todo el poder deportivo y que está respaldado totalmente por el club en sus decisiones mientras ejerce esa función. Es imprescindible.
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