Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Opinión | Tuercebotas

La marcha de Dro al PSG: la decepción de Hansi Flick y el futuro de la Masia en el Barça

Es comprensible la decepción del alemán con la marcha del mediapunta al PSG: era un proyecto de club, de equipo y de entrenador

Dro, con la camiseta del PSG

Dro, con la camiseta del PSG / PSG

Del proceso acelerado de conversión al barcelonismo, de Hansi Flick, desde su fichaje por el Barça da fe el enorme disgusto que le ha dado Dro con su decisión de fichar por el PSG. Flick, y a su lado el resto del club, apostaron por el chico, saltándose los escalafones de las categorías inferiores y dándole minutos con el primer equipo desde la pretemporada. Aun así, Dro ha decidido fichar por los parisinos. La versión oficial es que le atrae el proyecto deportivo del PSG; yo estoy con Iván San Antonio: tiene pinta de ser más un pelotazo económico que deportivo para el muchacho.

Su marcha deja algunas reflexiones sobre la Masia. Canteranos que se han ido por voluntad propia en su proceso de formación los ha habido siempre: Piqué, Cesc, Olmo... por citar tan solo algunos de los que regresaron (previo pago). También hay una lista de los que no volvieron y triunfaron (Thiago Alcántara, Cucurella y Grimaldo, más recientemente); la de los que no se convirtieron en futbolistas top es mucho mayor.

Primer equipo y recaudar

Desde el punto de vista de la fría gestión del club, la Masia cumple dos funciones: nutrir de talento al primer equipo y recaudar. Les cuesta entenderlo al socio y al aficionado, que establecen fuertes vínculos sentimentales con los jugadores de la casa, pero desde el punto de vista del gélido egoísmo del futbolista (dejando al margen el amor al escudo, tipo Casadó), el asunto también se reduce a una disyuntiva: primer equipo o emprender el vuelo.

Tras el éxito precoz de jugadores como Gavi, Cubarsí o Lamine Yamal parece que jugar y ser importante en el primer equipo con 16, 17 o 18 años deba ser la norma. Las informaciones de canteranos que se plantean irse a edades muy tempranas si no tienen oportunidades es abundante, como si a los 17 años no fueran titulares e internacionales se les hubiera pasado el arroz. No ayuda que el Barça Atlètic deambule por categorías bajas del fútbol español, pero no debería ser normal que a jugadores juveniles se les agote la paciencia por tres suplencias.

Todo conspira para que sea así: el espejismo del fenómeno Lamine Yamal, la búsqueda constante de talento cada vez más joven por parte de los grandes clubes (incluido el Barça), el consecuente interés de los agentes de mover a sus clientes a edades más tempranas... Hace tiempo que de clubes y países exportadores (como Brasil o Argentina) salen los chicos cada vez más jóvenes. La Masia, una de las mejores academias del mundo, no es inmune.

Son las reglas del juego. Y aun así, para un entrenador de perfil tan paternal como Hansi Flick, la marcha de Dro supone una enorme decepción. Por el tiempo y el esfuerzo invertido en él, pero también porque uno de los rasgos distintivos del modelo que el entrenador ha implantado en el Barça es la fuerza del colectivo, de la comunidad, del equipo. Dro era uno de los suyos, un proyecto de club, de equipo y de entrenador. Había un camino trazado para el mediapunta, y su marcha, por muy lógica que sea en el contexto actual del fútbol, es amarga para quienes habían construido una hoja de ruta para y con él.

Para el club, el ‘caso Dro’ deja otro mensaje: la gestión y retención de los jóvenes de la Masia es una prioridad. A nutrir al primer equipo y recaudar, se le añade la necesidad de retener el talento diferencial, porque la ofensiva sobre los canteranos no disminuirá, sino que arreciará.