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Opinión

Javier Giraldo

Javier Giraldo

Subdirector.

Marc Casadó juega bien sus cartas

Casadó, al Depor

Casadó, al Depor / Marc Graupera

En un mundo tan profesionalizado como el del fútbol de elite, en el que se miden calorías, kilómetros recorridos y horas de sueño, hay operaciones que se improvisan a última hora. Como quien se presenta a un examen habiendo estudiado unas horas antes, casi sin dormir, algunos clubes apuran tanto el mercado que el día del cierre se convierte en un relato extraordinario.

Sorprende que algún guionista no haya armado ya alguna idea con todo lo que sucede en las horas previas al cierre del mercado de fichajes, porque se suceden episodios surrealistas: fichajes imposibles que acaban por cuajar sobre la bocina, operaciones que se rompen a última hora porque no encajan los famosos flecos (ya casi nadie emplea esa expresión), o documentos que llegan con unos minutos de retraso. Todo parece un gran sainete, pero días como el de ayer cambian carreras: que se lo pregunten a Sergio Ramos o Rivaldo, por ejemplo, que desembarcaron en Real Madrid y Barça con la ‘foto finish’.

El Barça firmó la salida de Marc Casadó: lo hizo a ultimísima hora, en una operación con aroma de solución intermedia. Da la sensación de que el que mejor ha sabido jugar sus cartas es el propio jugador, que encontrará en Riazor un hábitat ideal para crecer y tener minutos. Bravo por él. No tanto por el Barça, que apuró hasta última hora en busca de un ingreso (se hablaba de unos 30 ó 40 millones de euros, cantidad nada desdeñable).

No habrá ingreso en caja por Casadó, circunstancia que empaña ligeramente un mercado que en líneas generales, ha dejado satisfecho al aficionado. El ‘caso Julián’ ha generado tanto ruido que distorsiona el análisis: para algunos, el Barça ha fracasado estrepitosamente.

No ha logrado el gran objetivo que se propuso, en un verano marcado por las acusaciones del Atlético, de una hostilidad nunca antes vista. Otros, en cambio, quizá sabedores de que Julián nunca firmaría por el Barça, dan por buena la llegada de Gabriel Jesus y compañía. Veremos quién tiene más razón.