Opinión
¿Quién manda aquí?
¿Quién debe mandar, el entrenador o los jugadores? No existe el método infalible

Florentino sentenció a Xabi Alonso tras la Supercopa de España / EFE
El fútbol es un deporte tan popular, esencialmente, por dos motivos: porque todo el mundo lo puede practicar -vale con dos piedras para montar una portería y un trozo de papel arrugado, como balón- y porque las normas son tan simples que todas las personas aficionadas se sienten capacitadas para sentar cátedra. Que los presidentes y los entrenadores sepan perdonarnos... pero, como veremos, nada es infalible y cada opinión o mirada futbolística depende del entorno.
Hablamos de la destitución de Xabi Alonso como entrenador del Real Madrid. El técnico vasco fue contratado para llevar el banquillo madridista a la modernidad tras unos últimos tiempos en que los métodos de Carlo Ancelotti fueron puestos en duda. Aunque la propuesta no salió de Florentino Pérez, esta vez se dejó aconsejar. Se trataba, dicho de otra manera, de darle identidad al juego del Madrid. Gustaron los primeros entrenamientos por el intervencionismo del técnico y por unos juegos de posición que hacían intuir un fútbol dominante de ataque en el que el pase iba a convertirse en un elemento importante del juego del Real Madrid. Sin embargo, todo se fue al traste cuando algunos futbolistas vieron que la propuesta obligaba a ciertos comportamientos colectivos que iban a poner en riesgo sus aspiraciones individuales. Como se atrevieron a manifestar su enojo públicamente y el entrenador no se cuadró el presidente, a quien le sobra la táctica desde el primer día, decidió prescindir del entrenador. El florentinato es así y, pensará él, no le ha ido nada mal.
La historia vuelve a demostrar que el Real Madrid es un club de jugadores y no, de entrenadores. Personalidades tranquilas como las de Carlo Ancelotti, Zinedine Zidane o Vicente del Bosque han levantado las últimas ocho Ligas de Campeones mientras que entrenadores intervencionistas como José Mourinho, Rafa Benítez, Bernd Schuster, José Antonio Camacho, Julen Lopetegui o ahora, Xabi Alonso, por citar algunos casos de los últimos 25 años, se quedaron a medio camino. Se ve, sin embargo, que el poder de las estrellas para elegir los esfuerzos a la carta no acaban de funcionar en las competiciones de la regularidad donde, en ese mismo período, el Real Madrid apenas ha ganado nueve Ligas.
Es curioso observar que el Barça, con lo que pretendía Xabi -con muchos matices-, ha ganado 14 ligas en ese tiempo y que cada vez que ha huído del método y le ha dado el poder a los futbolistas, se ha estrellado. El barcelonismo ha disfrutado con los liderazgos de Helenio Herrera, Johan Cruyff, Pep Guardiola, Luís Enrique Martínez o, ahora, Hansi Flick. Cuestión de culturas. El maravilloso fútbol: lo que vale en Madrid no sirve en Barcelona, y viceversa. Y como las Ligas de Campeones azulgranas han llegado en períodos de hegemonía futbolística, al Barça hay que seguir exigiéndole mejora para aspirar, diez años después, a volver a ganar en Europa.
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