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Maldito favorito

Raphinha regresará este fin de semana en el Bernabéu

Raphinha regresará este fin de semana en el Bernabéu / Valentí Enrich / SPO

El domingo se juega en el Bernabéu un 'clásico' más, un nuevo Madrid-Barça. Siendo sinceros, de 'clásico' solo le queda el nombre y la rivalidad, porque el fútbol —ese viejo amigo que a veces aparece y otras se toma un descanso— últimamente se ha dejado ver poco, y cuando lo ha hecho, seamos claros, lo ha hecho en un solo lado del tablero.

Ambos llegan con dudas, dicen. Que si el Barça llega diezmado, que si ha bajado el nivel en las últimas fechas, que si al Madrid le cuesta encontrar un estilo reconocible, que si los dos entrenadores están bajo el foco… En fin, el guion de cada año. Pero, si uno lo piensa con un poco de objetividad y algo de memoria, de quién no se debe dudar es del club azulgrana. Sí, del Barcelona. Porque al menos, y esta misma temporada, el club catalán ya ha demostrado saber jugar al fútbol. El conjunto azulgrana, pese a algún tropiezo reciente, ha lucido una identidad, una meta, una intención estética. En cambio, el Real Madrid sigue esperando ese “juego bonito” que, según los cuentos de J. R. R. Tolkien (porque empieza a parecer un cuento) algún día aparecerá entre la niebla de su mundo inventado en la Tierra Media. Un juego que llevan anunciando hace tantas temporadas que Florentino ya debería estar haciéndolo cotizar en bolsa.

El equipo blanco vive de impulsos, de ráfagas, de genialidades, y cuando todo lo anterior falla, vive de algún bravucón odioso y arrogante con sonrisa de bofetada, silbato en boca y tarjetas en mano. Cuando sus figuras se encienden, parece que todo encaja; cuando no, su juego se apaga como una farola vieja de Chamberí y su plan -si algún día existió– queda instalado en la penumbra.

¿Podrá el Madrid ganar? Por supuesto, el fútbol siempre guarda margen para el milagro. Pero el favoritismo debe tener fundamento, y hoy el fundamento es tan sencillo como rotundo: uno juega al fútbol y el otro, pese a quién le pese… aburre, aturde y hastía. Así que el domingo, cuando ruja el Bernabéu y el balón empiece a rodar, quizás veamos un espectáculo equilibrado, todo es posible, pero pienso que el Barça, con una garra a la que debe volver con urgencia y ha olvidado en algún momento, volverá a recordarle al mundo que esto va de diseñar, hilvanar, encajar y coser, no de improvisar burdos remiendos al abrigo del favor de un trencilla. Que prime el ser justo favorito el domingo, sobre el favor injusto y reiterado. No sea que algún mal pensado relacione el marcador con ese dicho ancestral, castellano y medieval que reza aun en diccionarios en “librerías de viejo”: “Puta la madre, puta la hija, puta la manta que las cobija…”