Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Opinión

La mala suerte del Barça da vida al Madrid

Lamine ante la Real

Lamine ante la Real / EFE

El fútbol vuelve a demostrar que no siempre es justo con quien más lo merece, y la primera parte en Anoeta fue un ejemplo evidente. El Barça firmó 45 minutos de alto nivel, dominando el juego y generando numerosas ocasiones de gol, pero fue la Real Sociedad la que se adelantó en el marcador en la única ocasión clara de la que dispuso. Mientras tanto, los azulgranas chocaban una y otra vez con la mala suerte y con un VAR que, esta vez sí, actuó con corrección al anular tres goles y un penalti por fuera de juego previo.

Especialmente destacado estuvo Lamine Yamal, incansable y descarado, empeñado en marcar diferencias cada vez que tocaba el balón. Su actuación fue una de las mejores noticias del partido, aunque ni siquiera su inspiración fue suficiente para cambiar el signo del marcador antes del descanso.

Lejos de venirse abajo, el Barça de Hansi Flick volvió a demostrar tras el paso por vestuarios que es un equipo con carácter y convicción. Generó dos ocasiones clarísimas más, pero la sensación era que la pelota se había conjurado para no entrar. Aun así, el dominio azulgrana no se resintió.

La presión alta de la Real acabó jugando en su contra, facilitando el juego del Barça y acelerando el desgaste físico de los locales. Flick leyó bien el partido y agitó el banquillo con la entrada de Lewandowski, Rashford y el debutante Cancelo. Acertó, porque Rashford logró el empate, pero un nuevo despiste defensivo permitió que la Real volviera a adelantarse en el marcador.

El Barça puede permitirse un mal día de cara al gol, porque eso forma parte del juego, pero debe ser más contundente en defensa. Los errores atrás se pagan caros y cuando no se mata el partido arriba, es obligatorio cerrarlo atrás.

Apelar a la mala suerte no debe ser una excusa para un equipo que aspira a todo. Dejarse los tres puntos en Anoeta no es solo una oportunidad perdida, es un paso atrás innecesario que reactiva a un Madrid en crisis y lo devuelve de lleno a la pelea. Si el Barça quiere ser campeón, debe ganar los partidos que domina.

TEMAS