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Joan Cañete Bayle

Joan Cañete Bayle

Periodista y escritor

Barça y Madrid: dos eliminaciones diferentes en Champions

Barça y Madrid fueron perjudicados por el arbitraje, pero sus derrotas se deben a factores distintos: el Barça, a sus defectos; el Madrid, a su falta de juego

Lamine Yamal celebra su gol ante el Atlético de Madrid en el estadio Metropolitano

Lamine Yamal celebra su gol ante el Atlético de Madrid en el estadio Metropolitano / Juanjo Martín / EFE

Dos maneras de perder en la Champions, con algunos denominadores en común e importantes diferencias. Siempre vasos comunicantes, Barça y Madrid cayeron en los cuartos de final después de perder el partido de ida en casa y rozar la clasificación en la vuelta. Las comparaciones deportivas terminan ahí; es decir, en términos de juego y dominio del partido no perdieron igual. Sus caminos vuelven a converger en su reacción a la derrota: todos disparan al pianista; es decir, al árbitro.

El Barça jugó contra el Atlético de Madrid, un equipo inferior: a 22 puntos de distancia en la Liga, se han enfrentado en seis partidos este año, de los que el Barça ha ganado cuatro (dos de Liga, uno de Copa y uno de Champions), por dos los colchoneros. Como el fútbol no es solo estadísticas (ni siquiera de goles encajados y marcados), los de Simeone han sabido rentabilizar los dos partidos de ida de las competiciones a eliminatoria a doble partido (4-0 en la Copa, 0-2 en la Champions) y practicar la supervivencia en la vuelta.

El Barça, superior

Por eso, no hay duda de que el Barça fue superior, sobre todo en Champions (en Copa, el desastre de la primera parte de la ida lo marca todo), y que cayó porque no supo ganar a un Atlético con mejor fondo de armario, pero peor equipo. Cierto, dos expulsiones y todos los detalles en contra en los 180 minutos de la eliminatoria europea. Sin suerte, como es frustrante y habitual en la competición europea. Pero mandando siempre, fiel a su idea de juego y buscando la portería rival y la victoria sin desfallecer, ya estuviera lúcido u ofuscado, con diez o con once.

El Madrid, en cambio, perdió contra un equipo superior, tal vez con una calidad individual similar, pero mucho mejor como conjunto. Le jugó bien al Bayern en el tramo final del partido en la ida y muy bien en la vuelta. En Múnich, en la primera parte, todos los detalles cayeron del lado blanco: los errores del portero, la eficacia rematadora y la permisividad arbitral. En la segunda parte, lo contrario: buenas paradas de Neuer y la expulsión de Camavinga. Pero la iniciativa del partido, la fidelidad a una idea y la voluntad de ganar y de construir el juego sobre ello fueron del Bayern. El Madrid, como siempre, fue reactivo.

¿Perdió el Madrid solo por el árbitro? No. ¿Cayó eliminado el Barça solo por el árbitro? Tampoco. ¿Fueron bien tratados por el arbitraje? Ninguno de los dos, al menos en las decisiones trascendentes. El Barça perdió porque es un equipo maravillosamente imperfecto, con enormes virtudes y un futuro esplendoroso al que cuando lo asaltan con el cuchillo entre los dientes (el Atlético este año, el Inter el pasado) no le alcanza para remediar sus defectos, en algunos casos también enormes. El Madrid cayó porque en los dos últimos años no le basta con jugar bien tan solo un puñado de partidos al año. En el fútbol de hoy hay que ser grande casi siempre.

Visto así, lo del Barça es más sencillo (entre todas las comillas del mundo): acertar en los refuerzos que necesita la plantilla para defenderse de los riesgos intrínsecos a su idea de juego. El problema del Madrid es estructural: el encaje de tres individualidades de peso en un mismo once, la relación de estas estrellas con su entrenador y, sobre todo, la necesidad de dotarse de una idea de juego dominante y proactiva, no reactiva. Retos que poco tienen que ver con los árbitros.