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Carme Barceló

Carme Barceló

Periodista en SPORT

La madre que las parió

¡Históricas! El Barça, a su sexta final consecutiva

FCB

Si el libro de estilo ha aceptado este titular significa que puedo poner, negro sobre blanco, una expresión que escuché varias veces el domingo en el Camp Nou. En catalán, en castellano y con idéntico tono: el de la admiración. Y fue justo el día que celebrábamos a las madres. Aunque el invento responde más a temas comerciales que a otra cosa, es positivo que ayude a que se valore lo que supone la maternidad. Más allá del sentimentalismo barato, lo que lo hace caro, valioso y valeroso es el reconocimiento a una figura que, en muchos casos y durante mucho tiempo, se ha resumido en la procreación y el cuidado del marido y de la prole. Que la expresión que titula este artículo se haya convertido en sinónimo de respeto es maravilloso. Tanto como esas miles y miles de madres que se reunieron en el estadio azulgrana acompañadas de hijos, hijas, maridos, esposas, parejas, amigos y amigas que se reconocen, también, en un equipo que las eleva a la máxima expresión.

Ama. Amatxo. Te queremos. Lo escribían los hijos de Irene Paredes en las redes sociales de la futbolista. Esa tarde, mamá trabajaba. Y, aunque un tanto sola a veces en la línea defensiva, volvió a vivir otra jornada de gloria junto a compañeras y amigas que han logrado lo casi imposible y lo nunca visto en el FC Barcelona: disputar la sexta final consecutiva de una Champions League.

Irene y el resto de las veteranas se afanan en insistir en lo increíble de la gesta. Máxime cuando las rodean clubes que han apostado muy fuerte por la sección y así les luce. Ver llorar a Alexia al ser sustituida puede significar que, a sus 32 años, uno de ellos la haya convencido para abandonar al equipo de su vida y probar, futbolística y económicamente, otra opción. Duele pensar que ‘La Reina’ no finalizará su carrera en el Femení pero se ha ganado el derecho a decidir y si el Camp Nou vio su última actuación con la camiseta del Barça, dejó su rúbrica en dos goles y la sensación, eterna, de ser árbol al que abrazarse y sombra bajo la que cobijarse.

La madre que las parió. A todas y a cada una de ellas. A la que lo es y a las que las suyas apoyaron en su decisión, con un coste más o menos alto. Su respaldo se proyecta en el de otras tantas -y otros tantos, por supuesto- que ven con buenos ojos que sus hijas opten por el fútbol como afición o como profesión. Lo que estas jugadoras y las que estuvieron atrás, sosteniéndolas con su lucha y sumando desde la más absoluta indiferencia, han conseguido en los últimos años se traduce en 60.000 asistentes el domingo en el nuevo Camp Nou, el récord de más de 90.000 en el viejo estadio y los cientos y cientos de niñas que se apuntan a los campus, mujeres que crecen en valentía y una sociedad que, poco a poco, integra y valora.

Hay madres, como la mía, que nos llevaban de la mano al fúbol los domingos y que no querían reivindicar nada. Bastante trabajo tenían con, a pesar de tener maridos como mi padre a los que les parecía fantástico que lo hicieran, lidiar con las risas de algunos ‘amigotes’ y el morro arrugado de más de un familiar. Ni la que me parió ni yo misma imaginábamos lo que estaba por llegar. Honor y gloria para todas.