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Bautista durante la rueda de prensa

Los problemas de ser español

OPINIÓN

Josep Lluís Merlos

@JLlMerlos

Siempre he estado en contra de los “cupos”. Me parecen algo empobrecedor y reduccionista, en el orden y ámbito que sea, y me hacen pensar en las “cartillas de racionamiento” de nuestros abuelos. Cuando alguien es bueno en su trabajo, y tiene capacidades para desarrollarlo, debería poder ejercerlo sin estar condicionado a su género, color de piel o nacionalidad.
Los “cupos”, en general, me parecen un solemne papanatismo. El talento es un bien tan preciado, que distribuirlo de forma “alíquota” me parece absurdo.
En un tiempo, tener licencia española podía llegar a ser una ventaja para aquellos pilotos que se quisieran dedicar profesionalmente a este deporte.
Alberto Puig me confesó hace años que no había oficio mejor pagado que el de ser piloto de 125 cc. Los equipos, sobretodo españoles, buscaban deportistas capaces de triunfar en aquella cilindrada, y a poco que un chaval despuntara en el nacional tenía su futuro resuelto en los GP.
Recuerdo una entrevista a Jorge Martinez “Aspar”, a finales de los 80, en la que se presentaba al alcireño como “El hombre del millón de dólares”, porque fue el primer piloto de las categorías pequeñas capaz de firmar un contrato por esa cifra; algo inusual entonces. Yo mismo publiqué su imagen conduciendo su flamante Ferrari –fue uno de los primeros habitantes del paddock que pudo permitírselo- circulando entre una hilera de naranjos en su tierra.
Pero los tiempos han cambiado. 125 ya no existe. La inmensa mayoría de los pilotos de Moto3 pagan por correr –de una manera u otra-, “Aspar” ya no se pasea con su Ferrari, sino que se ha visto forzado a soltar lastre en su estructura, y ser español puede ser un problema.
En MotoGP, casi un tercio de la parrilla tiene este pasaporte. Demasiado, según algunos criterios. Y no todos tienen la calidad para triunfar.
De ahí que un veterano como Alvaro Bautista -33 años, campeón mundial de 125 en 2006, y ganador de 16 GP- esté más cerca de la puerta de salida del circo, tras dieciséis años en el mismo, que de continuar. 
Le cuesta encontrar equipo. Sin patrocinadores que aportar, ni influencias que aseguren su continuidad, su talento no basta. Si fuera de otro país con menos presencia en el paddock tal vez otro gallo le cantaría.
Su situación es tan injusta como consecuencia de que no se le haya visto despuntar hasta las últimas carreras, cuando el agua ya le llega al cuello.

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