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Los fallos defensivos regalan el título

OPINIÓN

SE REPITIÓ LA HISTORIA. El partido de ida de la Supercopa titulamos: El Barça pagó muy caros un par de errores. Pues bien, lo mismo sucedió anoche en el Bernabéu. En una primera parte de desconcierto total de la defensa barcelonista, enterraron sus ambiciones con una serie de fallos lamentables. Si en el Camp Nou el error de Valdés fue determinante, ayer fue Mascherano quien a los diez minutos no acertó a despejar un balón por alto dando toda la ventaja a Higuaín para que inaugurara el marcador. Este gol en frío, sumado a la ausencia de Alves que se lesionó en el calentamiento, provocaron un caos defensivo del Barça que no supo contener a los delanteros del Madrid que chutaron hasta seis veces en posición de gol. Fue dramático. Cada ataque blanco era un peligro, en este desbarajuste Adriano vio merecidamente una roja que incrementó los problemas. Fue casi un milagro que se llegara al descanso con 2-1 gracias a un golazo de Messi de falta en el último minuto.

LA DEFENSA FUE UN COLADOR. Hay que decirlo sin tapujos, la defensa del Barça fue un colador la primera parte. Si a ello añadimos que el centro del campo estuvo blando, sin fuerza y lento, se explica que el Madrid tuviera ocasiones para marcar cuatro o cinco goles. Los blancos jugaban con una intensidad y coraje admirables, como si la bronca de Mourinho les hubiese espoleado, mientras que los barcelonistas jugaron andando, sin presionar y con una impotencia atacante alarmante. El gol de Messi en el minuto 44 fue el primer disparo a portería. En el descanso Vilanova corrigió muchos errores de posición y marca al tiempo que el Madrid, sorprendentemente, se echó atrás como si se conformara con el resultado. La verdad es que anoche el Madrid hizo más méritos y nadie puede discutir su superioridad sobre todo en la primera parte.

UN BARÇA DECEPCIONANTE. Salió dormido, sin chispa, dejando la iniciativa al contrario. La presión la hacía el Madrid y ellos iban a remolque. Perdió el control del partido atropellado por un rival que mostró mejor actitud, más ganas. El equipo de Mourinho parecía jugar con una marcha más mientras que Messi se perdía marcado siempre por dos o tres adversarios. En la segunda parte, cuando arreglaron los errores e hicieron su juego, les faltó profundidad al jugar con uno menos. Mourinho fue un cobarde tras el descanso saliendo solo a mantener el resultado. En definitiva, el Barça de Vilanova encaja una derrota en Madrid que no es grave pero que duele. Duele porque el Barça regaló esta Supercopa con demasiados errores individuales y colectivos en defensa.

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