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Matthijs de Ligt durante la semifinal de la Liga de Naciones de la UEFA

Los casos de De Jong y De Ligt

OPINIÓN

Joan Mª Batlle

El Barça tuvo claro hace tiempo que había en el Ajax, acaso el club europeo que mejor interpreta ahora el estilo que creó Johan Cruyff y ha dado al Barça los mejores veinticinco años de su historia, dos o tres jugadores que deberían abanderar la renovación de una plantilla a la que no solo le pesa la edad, si no también la paulatina pérdida de la esencia del mencionado estilo.

Por una vez no hubo dudas ni en el staff técnico ni en la directiva. Los contactos se iniciaron con rapidez y sigilo para no despertar el interés de otros equipos y el propio presidente Bartomeu se implicó cuando las negociaciones lo requirieron aún a riesgo de quedar retratado si no llegaban a buen puerto. Todo perfecto: rapidez, discreción y voluntad de acuerdo. Funcionó con De Jong pero no con De Ligt, cuyo posible fichaje se ha convertido en un culebrón que ha hecho saltar por los aires cualquier discreción posible hasta convertirlo en un nido de intereses, subastas y manipulaciones en el que al Barça, muy a su pesar, no le interesa entrar. 

Ya sabemos que esto es un negocio y, por lo tanto, no podemos esperar demasiadas complicidades. Pero entre la manera de actuar de Frenkie de Jong y la de Matthijs de Ligt hay un abismo. No es una cuestión de simples detalles o matices, es una diferencia de actitud que acaso afecte también a su rendimiento sobre el terreno de juego. Miren, hemos llegado a un punto en el que la cantidad de millones que un club paga por un determinado jugador, obliga a valorar tanto su calidad futbolística como sus circunstancias personales.

De Jong firmó por el Barça el 23 de enero después de una negociación profesional, pero también honesta y noble. Una negociación dura, claro que sí, en la que todas las partes defendieron sus intereses, pero en cuanto llegaron a un acuerdo, se dieron la mano y firmaron los contratos sin más dilación. 75 millones más 11 en variables y cinco años de contrato. Dicho y hecho. De Jong no tuvo ninguna duda; su representante, tampoco. Y con el visto bueno del Ajax, se dio oficialidad al traspaso. Como debe ser. Pero como resulta que lo que debe ser ya no es lo habitual, las formas y la transparencia en el fichaje de De Jong por el Barça son objeto de satisfacción. 

Con De Ligt está sucediendo todo lo contrario. También se empezó con rapidez y cautela, también se alcanzó un acuerdo con el Ajax, también el jugador parecía dispuesto a firmar un buen contrato, pero, de golpe y porrazo, en el Barça empezaron a observar movimientos extraños. Empezaron los rumores, que si el Madrid, el Manchester United, el PSG... Siguieron las dudas del jugador. Por supuesto, empezó a subir la ficha que el central pedía por temporada. Aquí no había, ni hay, la misma seriedad y profesionalidad que en el caso De Jong. Y en esas estamos, con el jugador y su representante, sobre todo, su representante, ganando tiempo para sacar más dinero. Hemos llegado al representante.

Mino Raiola, un tipo que sabe mover la mercancía y que, si su trabajo consiste en eso, en ganar dinero sin importar la ética ni la moral, pues, aunque no nos guste, habrá que convenir que hace bien su trabajo. Pero si, además, se trata de mantener un mínimo de nobleza en las relaciones profesionales, la cosa ya es más cuestionable. A Raiola le conoce bien el Barça desde que le sacó los higadillos por Ibrahimovic. Y luego, con los escarceos con Pogba y Verratti.

Con De Ligt ha sucedido que lo que hoy es blanco, mañana es negro, que la comisión que hoy es cinco, mañana es diez. Ahora bien, que nadie olvide que el representante llega hasta donde quiere el jugador. Raiola ya no se molesta ni en guardar las formas: “Si te vas al United, en tres años el Barça pagará lo que sea por tí”... ¡Mira que bonito! La versión oficial es que De Ligt duda porque lo que quiere es jugar, pero a la vez acaba de declarar que no le asusta la competencia. ¿En qué quedamos? De Ligt, tú decides. Jugar en el Barça debería ser la máxima ilusión, no creo en los sueños, de todo gran futbolista que crea en sus posibilidades. De Jong no tuvo ninguna duda y jugó limpio, De Ligt las tiene todas y juega sucio. Por una cuestión de actitud, ya me gusta más el centrocampista y su entorno que el defensa y su mochila. Ojalá sea solo una percepción, una falsa alarma, aunque me temo que va a ser que no.

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