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Los árbitros y la influencia invisible (e inevitable)

OPINIÓN

Guillem Balagué

@GuillemBalague

Hace poco John Toshack me dijo, hablando de los árbitros, que estando en el Real Madrid no creía que se equivocaban mucho, pero cuando se enfrentaba a los blancos descubría sorprendido todo lo contrario: las pequeñas y grandes decisiones caían siempre del mismo lado. Ya está, para qué pensar más, ¿verdad? Solo que siempre es mejor mirar un poco más allá, intentar descubrir de dónde viene el impulso de los trencillas (y de cualquier ser humano) a temer las consecuencias de sus actos cuando se trata de juzgar a un equipo grande (o a un jefe, o a un ser considerado superior). Por cierto, esto también se refiere al Barcelona.

La psicología tiene una denominación para explicar el fenómeno: sujeción psicológica, un término muy utilizado en el vocablo futbolístico italiano (sudditanza psicologica) quizá por la necesidad de definir comportamientos que puedan separarse de la conspiración real (el calciopoli). Si el árbitro está seguro de su decisión, la toma con rapidez y sin dudar. Están entrenados para hacerlo así. El problema es cuando es necesaria la interpretación, en las areas más grises. Ahí, consciente o inconscientemente, entran, como un elefante en una cacharrería, las consecuencias.

No es lo mismo equivocarse ante el Leganés que hacerlo ante el Barcelona o el Real Madrid. La inercia del ser humano es calcular los riesgos, el premio y las consecuencias. No es lo mismo andar sobre una cuerda a un metro del suelo que a cien metros, el comportamiento varía. Me refiero a ese momento de duda cuando hay que calcular si Mikel Merino estorba a Courtois. El instinto es difícil de condicionar, pero, cuando hay que pensar la decisión, intervienen muchos otros factores. 

La duda es ciertamente algo que debe ser manejada, porque surgen influencias que son múltiples e ineviatables: el público, una declaración altisonante antes del partido, relaciones personales, la personalidad de los entrenadores afectados, incluso su propio futuro y su prestigio. Los árbitros están entrenados para entender ese momento, y saben que se consigue muy poca información útil dando muchas vueltas a los incidentes. Pero la cosa se complica con el VAR que en teoría no puede juzgar el contexto pero tiene un inconveniente: es imposible definir concretamente lo que es error claro y manifiesto. 

A lo que voy. Si hay conspiración, que me den pruebas. Si no, deberíamos recordar que todos los árbitros están influenciados (desde siempre y para siempre) por los grandes.

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