Opinión
Llega el momento de la verdad

Lamine y Raphinha celebraron sus goles con euforia / Gorka Urresola
No deja de llamar la atención cómo los jugadores del Real Madrid han cambiado de actitud y de discurso en tan poco tiempo: lo que con Xabi Alonso eran malas caras y gestos torcidos, con Arbeloa son sonrisas y esfuerzoz sin límite.
Así es el fútbol actual, en el que los vestuarios hace y deshacen a su antojo: tres triunfos consecutivos (Levante, Mónaco y Villarreal) parecen haber convertido ya a Arbeloa en el nuevo Ancelotti, por obra y gracia de unos futbolistas que han pasado de sestear a correr, simplemente. Parece que los métodos de Alonso no gustaban del todo: los galácticos prefieren a Arbeloa, por las razones que sean.
Lo que es indiscutible es que el Madrid parece haberse enchufado. Es un equipo más fiable que hace tres semanas, por más que en el camino se haya dejado dos títulos, Supercopa y Copa. Da la sensación de que el equipo blanco se ha puesto a competir de verdad ahora, más o menos en el ecuador de la temporada. Y eso, al otro lado del puente aéreo, solo puede significar una cosa: que el Barça tendrá que ponerse las pilas.
El Barça nunca ha dejado de competir y ha estado lejos de vaivenes del Madrid, pero conviene estar alerta y no perder de vista al gran rival en la pelea por la Liga, con permiso del Atlético de Madrid.
Frente a un Madrid convertido en una ruleta rusa, el Barça es un equipo más lineal: benditamente lineal, porque el equipo casi siempre cumple. Lo hizo ante el Oviedo, en uno de esos partidos que amenazan con atascarse pero que se resuelven gracias a un par de acciones individuales (en este caso, con la ayuda de la defensa rival).
Nada mejor para culminar la victoria que el golazo de Lamine: cualquier crack mundial necesita goles así, tan fotogénicos. Todo suma. En un par de semanas, nadie recordará que la primera parte fue espesa y difícil de digerir, pero en cambio, el video con el gol del ‘10’ circulará durante días. No es para menos: la gente paga por ver goles así, aun a riesgo de mojarse cuando llueve de verdad sobre un estadio en construcción.
Así las cosas, la Liga entra en un terreno apasionante, con Barça y Madrid prometiendo un pulso de lo más intenso. Y con el Atlético de Madrid, donde más le gusta, a la expectativa, en plan furtivo, a la caza de lo que pueda surgir.
Si hace un par de semanas parecía que la Liga tenía claro color azulgrana, ahora resulta imposible atreverse con los pronósticos. Bueno para la competición, no tanto para el Barça: o sí, quien sabe, porque cuando tu gran rival se levanta de un batacazo y está en plena resurrección, lo más inteligente es mirarse al espejo y darse cuenta de que ahora llega la hora de la verdad.
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