Opinión
No me llames Carlota, llámame idiota

Hansi Flick y sus jugadores con el árbitro del Club Brujas-Barça, Anthony Taylor / Dani Barbeito
¡Qué temporada de liga estamos viviendo! (y no precisamente por el juego, ya que tanto aquí como allá, la mediocridad se ha abierto paso a bofetadas, y las dudas dominan incluso sobre la lógica). Uno, que tiene la suerte de intervenir en algunas tertulias, debe reconocer que a menudo el espectáculo se traslada del césped a nuestros platós, estudios y canales digitales donde sentencias y afirmaciones se suceden con la autoridad de quien entrena al Barça o al Madrid desde un sofá con un carnet de entrenador de parada de fiesta mayor y con el arte del disparate como bandera.
¡Viva el show!
“El Barça no repetirá ni un título este año”, “¡Xabi Alonso no se comerá los turrones!”, “Flick ya ha explicado a su entorno que prepara las maletas a final de temporada…” Y se suelta con esa sonrisa autosuficiente de quien confunde realidad con divertimento, rigor con imaginación o, quién sabe, si con el infundado y fantasioso deseo personal como guion. Luego, las teorías: “Este sistema ya no intimida”, “Los jóvenes se han apalancado en los laureles”, “Los veteranos ya no pueden cumplir las exigencias del entrenador”…
Curiosamente, los mismos que criticaban que mordíamos alocadamente y sin medida, ahora sentencian que nos falta intimidación y carácter… De locos. La caverna come aparte, ya el año pasado decían: “El Madrid de Mbappé sacará al Barcelona, 20 puntos como mínimo”, “Lamine Yamal está sobrevalorado” o “Con tanta juventud, la presión les vencerá” y resultó que los azulgranas les aplastaron hasta 5 veces y sin casi despeinarse, Lamine Yamal no ganó el balón de oro porque no le dio la gana y los niños blaugrana iban de podio en podio entre risas y cachondeo.
Y ahora, centrándonos en el presente, e intentando huir del ruido, los focos y la lucha por el share, con sus luces y sus sombras y pese a quien le pese, ahí seguimos, compitiendo. ¿Incógnitas? Todas, ¿Cansancio? Algo, y con la mirada puesta en Arístides Mayol y en ver si encendemos de una puñetera vez la lumbre de nuestro hogar y volvemos a una normalidad que desmonte la tontería que invade a los catastrofistas capitalinos. Sí, esos que no soportan que el Barça no se rinda, que el vestuario esté unido y que el inminente Spotify Camp Nou pueda volver a hacerse oír desde Montjuïc al Tibidabo. El Barça no necesita convencer a los que nunca quisieron creer. Necesita jugar, ganar y seguir callando bocas.
Así que, sí, que sigan los idiotas y las idioteces. Cuanto más ruido hagan, mayor será la satisfacción de ser culé. Y eso, amigos, no hay tertuliano que lo tape.
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