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Laporta, en el guardarropía

Joan Laporta volverá a presidir una Asamblea de Socios Compromisarios telemática

Joan Laporta volverá a presidir una Asamblea de Socios Compromisarios telemática / FC BARCELONA

A lo largo de la historia, asambleas de notables han conducido, legislado y orientado los imperios y las culturas más laureadas: la Ekklesia en la Grecia clásica, donde ciudadanos libres escogidos decidían sobre leyes, guerras o designación de magistrados por democracia directa y, sobre todo, por presencia; o el Senado romano, ese ejemplar consejo de patricios que deliberaban y dictaban por rango, poder político y, también, asistencia.

El domingo, y en parte bajo la inspiración de esos grandes consejos de la historia, viviremos de nuevo el glorioso ritual de la democracia culé: la asamblea de socios compromisarios, donde unos pocos elegidos seguirán de forma invisibilizada el evento, y, sin poder alzar la voz presencialmente, apretarán un botoncito de aprobación o rechazo al camino y al rumbo propuesto desde la entidad.

Atrás quedan las añoradas asambleas de encuentros y abrazos. Atrás quedan las ovaciones, las carcajadas, el murmullo de fondo ante ocurrencias poco adecuadas, y por qué no, las lágrimas de algún venerable octogenario emocionado. Atrás queda una parte de nuestra historia que debemos, urgentemente, reconquistar: la de la vida, la del aliento, la de las sonrisas o los enfados, y también la de la crítica mirando fijamente a los ojos de un presidente.

Es admirable que el club apueste por la modernidad, pero no como una sola opción, porque al hacerlo, dejamos en el camino la esencia básica de la democracia: la persona. Que nuestra esperada y deseada asamblea de compromisarios sea exclusivamente online, tiene un problema: el Barça no es una “start-up”, una divertida receta de Nuggets del bueno del padre de Lamine Yamal o una clase de yoga en tik-tok… El Barça es una entidad donde sus asambleas fueron actos únicos y admirados de liturgia laica, un espectáculo humano, HU-MA-NO, con aroma a colonia fresca y ambiente de grada apasionada. ¿Quién va a dar calor desde un sofá? ¿Quién va a aplaudir con convicción por el teclado? La pantalla podrá transmitir la señal, pero no la verdad del momento.

¿Y Laporta? ¿Quién lo ha llevado al huerto privándole del inigualable privilegio de mezclarse y fusionarse con sus consocios? ¿Quién le ha convencido de que oculte sus mayores tesoros: el carisma y su dominio del cuerpo a cuerpo, sumiéndolo en la opacidad digital? Menudo disparate… Quien convenció al jefe de esconderse tras una pantalla le ha hecho un flaco favor y no entiende que mostrarse o desnudarse presencialmente ante el socio, no es un tema de exposición, es un principio básico y sagrado de respeto.