Bodiroga, genio y figura

De Kukoc a Bodiroga: no desafíes nunca a un yugoslavo

OPINIÓN

Dídac Peyret

@didacpeyret

Montero, Montero, Montero, el Barça pot ser campió... Vrankovic!

Las palabras de Lluís Canut se me grabaron a fuego durante mucho años. Sospecho que a Montero también.

Aquel tapón ilegal en la final de París de 1996 me hundió a dos metros bajo tierra. De nada importó que me pillara en plena fiesta de campamentos. Ni el Malibú con piña ni algún intento torpe de llamar la atención de La Chica de entonces salvaron la noche.

Ningún niño merece aquella puñalada ruin. Se supone que aquellos van a ser los mejores años de tu vida. Se supone que acabarás bailando la lenta con la chica que te gusta, no que un croata de más de dos metros te dará un guantazo de realidad en la maldita ciudad de la luz y el amor.  

Vrankovic había cogido 19 rebotes en la semifinal contra el CSKA y en la final no hizo un solo punto pero clavó el tapón en el último instante.

Montero tuvo tanto miedo que en lugar de comerse el aro hizo una bandeja. Luego nos pasamos años recriminándole que no hiciera lo que, desde luego, nosotros tampoco habríamos hecho porque no somos yugoslavos.

El Barça de Aíto se la volvía a pegar en su quinta Final Four. Y otra vez un canalla de los Balcanes me jodía la vida. Tenía 14 años, pero por mi parte ya había visto suficiente.

Oficialmente tenía un trauma con la Euroliga y me bajaba de ese barco. Lo que no sabía entonces era que la vida me tenía reservada una gran broma final.

Tuvo que venir otro genio balcánico, siete años después, para cerrar la herida y darnos la primera Euroliga. Se llamaba Dejan Bodiroga y si la pelota quemaba todos lo miraban a él.

Cuando eso ocurría, y ocurría muy a menudo, se lo pasaba en grande y entraba en trance. Parecía haber nacido para aquellos momentos. Mirada fija, latigazo, lanzamiento a dos manos en suspensión, canasta y puño cerrado. En tus filas era Dios; en las del rival, el mismísimo diablo. Nadie podía negar que era serbio. 

Hubo algo de justicia poética en esa primera Euroliga del Barça. Tipos como Kukoc nos habían hecho la vida imposible primero con la Jugoplastika y, después, POP 84. Y ahora uno de ellos, que además había jugado en el Madrid, nos daba la gloria.

¿De dónde habían salido esos villanos insaciables? Eran como los guerreros del espacio de Dragon Ball, pero en lugar de conquistar planetas conquistaban títulos. 

'Sueños robados'

| Ediciones JC

Por esa curiosidad me acerqué al libro ‘Sueños robados’ (Ediciones JC), escrito por Juanan Hinojo, “el primer gran cronista del baloncesto yugoslavo”, en palabras de Bozidar Maljkovic

No deja de ser irónico que el mejor libro sobre el baloncesto de los Balcanes lo haya escrito un español. Es impresionante el trabajo enciclopédico que logra tras hablar con leyendas como Radja, Danilovic, Djordjevic, Pesic o Tabak.

-¿Dónde has encontrado a este tío que lo sabe todo de nosotros?- le preguntaron a Maljkovic. “No lo he encontrado en ningún sitio; él me ha encontrado a mí”, les contestó.

Una búsqueda que está muy presente en esta inmersión a la Yugoslavia que pudo haber sido y no fue. “La política le robó un sueño al baloncesto”, dice el autor. Pero no su marca registrada.

¿Quién no los reconoce en la descripción de Boza?

"El perro y el lobo son de la misma familia. Pero el perro está calentito en casa, bien alimentado y el lobo está buscando comida, peleando contra otros animales. Como se enfrente un lobo a un perro se lo come vivo”. 

El libro ‘Sueños robados’ es un asombroso trabajo de investigación sobre las grandes leyendas del baloncesto yugoslavo

Desmitificando a Best (Movistar+)

George Best, el documental

| Movistar+

La figura de George Best se puede tratar de muchas formas. Una muy recurrente es romantizar el malditismo de figuras como él.

Es una visión que tiende a idelizar una vida libertina y hedonista. Seguro que conocen la muletilla: “Pagó un precio muy alto pero vivió la vida cómo quería”.

Otra, y es el caso de este documental de Daniel Gordon, es rascar la intimidad de una persona que apretó muchas veces el botón de la autodestrucción.

Aquí, además de repasar sus bondades futbolísticas, se habla abiertamente de su alcoholismo y cómo afectó a su entorno.

Un relato bastante menos ligero que el manido anecdotario de con cuántas mujeres se acostó o cuántas copas era capaz de beber.

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