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Coutinho ha ido de menos a más en sus primeros meses como azulgrana

Jugadores, fruteros y melones

OPINIÓN

Carles Sans

Leo un artículo en la prensa deportiva sobre lo difícil que resulta acertar siempre en los fichajes. Nombres reconocidos con estupendos highlihts, de repente son un fiasco y no encajan; entonces todos contra la junta y sobre todo contra el director deportivo. Me voy a permitir el ejemplo, mil veces puesto en ese azaroso asunto de los fichajes, del melón por abrir: puede que sea comprensible que de vez en cuando un melón con aspecto aparente y tacto de madurez nos decepcione, y resulte, una vez abierto, un pepino incomible. Sin embargo, cuando el melón es de marca, de las caras, y el que lo elige es un frutero experimentado, hombre, entonces si sale pepino es para reclamar.

También es verdad que los jugadores, como los melones, son una materia orgánica, poseen vida propia y su conducta depende de múltiples factores personales y ambientales que influyen en su rendimiento, y ahí sí que no hay frutero que valga. Uno puede saber de un jugador solo hasta cierto punto; quiero decir que se puede conocer sus características técnicas, su rendimiento físico en el campo, e incluso, en lo personal, su conducta fuera del club. Los hay muy familiares y los hay tarambanas a los que le gusta más la noche que el día.

Pero la comparativa entre melones y jugadores diverge cuando hablamos del precio. Un jugador profesional vale una millonada. ¿O debería decir una melonada? Un dineral. Un valor que se va depreciando con cada jornada que no rinde como se esperaba. Este año el FC Barcelona deberá vender algunos jugadores por debajo del precio que se pagó por ellos, una pérdida que se da por habitual en clubes “fichadores”. Ahora vendrán unas semanas sin fútbol de clubes y hablaremos de muchos “melones” por abrir, unos que se van a marchar y otros que dicen que van a venir, sin contar con el jugador emergente de cada mundial, al que se disputarán, a última hora, todos los fruteros en busca de “gangas”. De entre todos los que llegarán, seguro, habrá melones verdes. Porque en el fútbol ser frutero es muy difícil, y en can Barça, no digamos. 

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