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Joan Garcia fue un robo

Joan Garcia, MVP del derbi contra el Espanyol

Joan Garcia, MVP del derbi contra el Espanyol / Siu Wu (AP)

Lo suyo empieza a no ser normal. Joan García no para balones: los corrige. Cada disparo que le llega es una afirmación precipitada que él se encarga de editar con la punta de los dedos o a empujones. Y es que el muy bribón ha conseguido, por primera vez, que veamos a un portero atajar un balón… ¡Sin tan siquiera tocarlo! (en este caso utilizando un compañero como muralla provocada, y es que el fin, para él, siempre justificarán los medios). Cuando alguien rinde así, sin aspavientos ni discursos motivacionales de anuncio barato, deja al resto en evidencia y se hace incómodo. Joan es oficio. Oficio limpio, sobrio, casi antiguo. Un portero que no juega para las cámaras sino para el marcador. Y eso, en estos tiempos de postureo, resulta ya inusual, sino, directamente, sorprendente.

No vuela: llega antes. No adivina: interpreta. No se estira: se coloca. Y cuando por fin lo ves volar, lo hace con esa armonía que solo tienen los que entienden que el fútbol es más cabeza que coreografía. En la era del portero influencer, Joan es un portero profesional. ¡Qué atrevimiento! Cada partido suyo es una lección de normalidad bien ejecutada. Sale cuando toca, se queda cuando conviene y manda cuando hace falta. Transmite esa seguridad provocadora que desmoraliza al delantero incluso antes de chutar.

Porque el rival, si está el de Sallent bajo palos, no ve una portería: ve un problema. Y luego está lo del Barça. O lo de España. O lo del mercado, que viene a ser lo mismo. Fichar a Joan García por 25 millones no fue una operación. Fue una usurpación con guantes de Rocambole. Un hurto educado. Una apropiación indebida firmada con bolígrafo caro. No fue un regalo: fue un despiste colectivo que Laporta aprovechó con la elegancia del que encuentra la puerta abierta y decide entrar sin hacer ruido. Veinticinco millones por un portero con presente, liderazgo y futuro. Veinticinco millones por alguien que suma puntos sin pedir aplausos. Veinticinco millones por un futbolista que convierte el área en propiedad privada y la portería en frontera dinamitada. Lo sorprendente no es que el Barça lo fichara. Lo sorprendente es que alguien lo dejara escapar así. Joan García no promete, cumple. No pide focos, los apaga. No busca portadas, las provoca. Y mientras algunos aún debaten si es tan bueno como parece, él sigue acumulando paradas, victorias y silencios incómodos en toda España.

Qué bueno eres, Bribón. Y todos sabemos que Luis de la Fuente se quedará sin trabajo si no te pone bajo los palos y falla Unai Simón. Y él lo sabe. Y él lo sufre…