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Nada es irreparable, pero sí resulta preocupante

Una acción del Club Brujas - Barça de la Champìons 2025/26

Una acción del Club Brujas - Barça de la Champìons 2025/26 / Dani Barbeito

Laporta, aunque lo disimula, está inquieto. Flick, aunque lo oculta, está cabreado. La afición, aunque no lo manifiesta, está decepcionada. Los jugadores, aunque callen, no están contentos. El principio de temporada, cuando llevamos tres meses de competición, no es el deseado ni en Liga ni en Champions. Nada es irreparable, pero sí resulta preocupante. El Barça de los tres títulos de momento está desaparecido.

La defensa no funciona y aquí nacen todos los problemas. Y lo que es más doloroso, el entrenador alemán no encuentra la fórmula para solventar la hemorragia de goles encajados. Se expande la sensación de que la táctica del fuera de juego que la pasada temporada fue talismán, ahora se ha convertido en un coladero. Los rivales han encontrado la manera de superarla por lo que ha perdido eficacia.

Los jugadores no corren ni presionan como antes

No es un problema de fácil solución. Partido tras partido se repiten los mismos errores, juegue quien juegue. No se consigue mantener la portería a cero. Cuando encajan un tanto, la sensación de impotencia es notable. Los jugadores se miran entre ellos buscando explicaciones que no encuentran, mientras que el banquillo pone cara de lamento.

Hay que ajustar muchas piezas y por encima de todo es necesario mejorar la presión al contrario con más fuerza y velocidad. Si no presionan al unísono, el equipo se rompe. La culpa no es solo de la defensa. Los centrocampistas se dispersan y los delanteros no son solidarios en el esfuerzo colectivo. Cuando falla el bloque, el equipo se vuelve frágil.

Los casos de Iñigo y Raphinha

Dos casos concretos que no pueden justificar los tres goles encajados en Brujas, pero que ayudan a explicar lo que sucede. Se encuentra mucho a faltar la experiencia de Iñigo Martínez, un jugador que sabía marcar la línea a la vez que daba confianza a sus compañeros. Su sorprendente marcha ha dejado un boquete difícil de cubrir. Por otro lado, la larga ausencia de Raphinha ha dejado huérfano al conjunto de su atacante más polivalente, capaz de correr doce kilómetros y acudir en ayuda de la defensa cuando hacía falta.

En medio de este desconcierto, hay una cuestión de fondo que el barcelonista contempla y percibe. La actitud de los jugadores no es la misma que la mostrada la pasada temporada. No corren ni presionan igual, no muestran el mismo coraje. Juegan con una marcha menos y su rendimiento baja en las segundas partes. Flick está extrañado de ciertos comportamientos. Exige más esfuerzo y sacrificio, más profesionalidad.

El partido de esta noche en Vigo, frente a un Celta crecido por su buena actuación europea, será un magnífico test para comprobar si el Barça de Flick tiene orgullo y fuerza para reaccionar, para dejar la portería a cero. Hace falta una victoria convincente para acallar voces críticas y no perder la rueda del liderato.