Opinión
El valor incalculable de Raphinha

Raphinha, durante la entrega del trofeo MVP de la final de la Supercopa de España / X
La final de la Supercopa volvió a retratar la importancia los futbolistas que marcan la diferencia en los momentos importantes. Hay jugadores que ante el abismo, se crecen y se multiplican. Potencian sus virtudes y esconden sus defectos en el momento más oportuno, cuando más necesaria es su presencia. Es el caso de Raphinha, que no estuvo ni entre los finalistas al último Balón de Oro, para enorme disgusto de Flick, pero que tiene un valor incalculable para cualquier equipo, sea el Barça o la selección brasileña.
Su capacidad de liderazgo, su presencia en el campo, su puntería y la manera que tiene de arrastrar a sus compañeros hacia territorios no siempre conocidos, pero siempre ambiciosos, lo convierte en un jugador de otra dimensión.
El hecho de que Raphinha lo haya pasado tan mal como futbolista del Barça solo sirve para subrayar aún más su cotización. Pocos jugadores como él pueden presumir de aplicar a diario el viejo lema de ‘lo que no te mata te hace más fuerte’. Las críticas que recibió en sus primeros meses en el Barça no solo no le mataron, sino que lo han convertido en un futbolista imprescindible: el verano pasado hubo quien dio por hecho que su dorsal, el ‘11’, sería para Nico Williams.
No atendieron a la ascendencia, jerarquía y capacidad del brasileño; futbolista capital para sus compañeros y para su entrenador. No fue casual que cuando Flick tuvo una discusión con su ayudante, quien le calmó, quien le consoló y quien le dio el primer abrazo fue Raphinha.
Con el Mundial de EEUU, Canadá y México ya casi a las puertas (las temporadas anteriores a un Mundial siempre son delicadas, porque no flatan los jugadores que se reservan, se dosifican o directamente se niegan a meter la pierna), Raphinha sabe que la mejor manera de llegar al gran torneo internacional es elevar el listó de exigencia en el Barça.
“Si mañana tuviese que ir a la guerra elegiría a Joan Laporta como teniente de trinchera. Si se tratase de vender arena a los beduinos contrataría los servicios de Sandro Rosell sin dudarlo. Y si necesitara dejar a mis hijos con alguien un fin de semana elegiría a Josep María Bartomeu”.
La frase, de Sergi Pàmies, excelente analista del Barça, podría aplicarse a Raphinha, para las tres cosas a la vez: vender arena en el desierto, cuidar a los críos y bajar a la trinchera. Para todo ello podríamos acudir a Raphinha sin temor a equivocarnos demasiado, tal es su valor como futbolista, y probablemente también como persona. Al menos, como líder de un grupo, como compañero capaz de elevarse por encima del resto y ejercer de luz y de faro.
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