Opinión
No tenéis ni **** idea: Luis Enrique, estoicismo y ejemplo de vida

Luis Enrique, en el punto de mira de la prensa francesa / EFE
Tras ver el primer capítulo de la serie documental de Movistar plus «No tenéis ni **** idea» certifico lo que ya sabía con antelación; Luis Enrique no es solo un buen entrenador, es algo más importante, una buena persona y un ejemplo de vida.
Sabiendo que no pretende ni mucho menos ser ejemplo de nada, eso lo convierte incluso aún más en un modelo del que extraer muchos aspectos positivos para implementarlos a la vida propia. Como estoico acérrimo que es, controla cada uno de sus pensamientos para revertir situaciones incontrolables a priori negativas para convertirlas en positivas o, al menos, en aprovechables para el progreso individual de uno mismo.
Una manera de vivir y ver las cosas que parece olvidada en esta sociedad aferrada al pasado y al futuro y tozudamente obsesionada con tener bajo control lo que uno no puede controlar. Este dominio humano, espiritual e intelectual lo demostró, tanto él como toda su familia, en la pérdida de su hija Xana y lo sigue demostrando en su día a día, en cada cosa que dice y hace. La eudaimonía solo la logran las personas capaces de ver la vida como la ve él, las personas de buen espíritu.
En el documental recién estrenado hay momentos donde se capta a la perfección esta filosofía de vida, en la forma de relativizar los problemas: “Si me va mal, lo peor que puede pasar es que me echen. El día siguiente me voy a dar una vuelta en bicicleta”. Lo dice conocedor del privilegio de su comodidad económica, pero en este mensaje hay algo mucho más profundo que cualquier persona debería aplicar: darle la importancia real a las cosas, ni minimizar ni maximizar, ser objetivos y pragmáticos.
El Luis Enrique entrenador es también admirable; viviendo durante meses en la ciudad deportiva del PSG, a la espera de encontrar una casa cómoda y no lujosa, y en una situación surreal y distópica como lo es vivir en lo que parece ser un hotel de 5 estrellas vacío, sigue teniendo el control mental y la energía para entrenar un equipo repleto de estrellas y bajo la presión de ser el comandante de un todo poderoso club-estado.
Es interesante ver su método de entrenamiento; analizador, vibrante y con la cabeza alta sin importarle quien tenga delante, el utilero o la estrella del equipo. Si el París Saint-Germain no logra conquistar esa Champions tan ansiada con un entrenador como él, tengo dudas de que algún día cercano logren tal hazaña. Pero eso es lo más irrelevante de todo, lo verdaderamente importante es la alegría de ver sin filtros a un tipo como Luis Enrique; gran entrenador, hombre sabio y bueno, genio y figura, un ejemplo de vida que demuestra que hace dos mil años Séneca, otro estoico, tenía razón: el hombre sabio nunca es medio libre, siempre goza de entera libertad.
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