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Opinión

Joan Vehils

Joan Vehils

Director.

Hoy es el turno el Barça, pero se la juega el Madrid

Hansi Flick abraza a Lamine Yamal

Hansi Flick abraza a Lamine Yamal / Valentí Enrich

A estas alturas, nadie duda de que el equipo de Flick saldrá hoy a competir como acostumbra. O sea, con intensidad, ambición y sin reservarse nada. Basta con escuchar a Lamine Yamal para entender el estado de ánimo con el que afronta el Barça este partido. Su confianza, pero también la sensatez impropia de su edad, reflejan lo que transmite hoy el conjunto azulgrana. Una descarada ilusión por alcanzar las semifinales.

En el lado contrario, tampoco hace falta especular sobre qué versión ofrecerá el Madrid ante el Bayern. El equipo blanco apelará, una vez más, a ese espíritu competitivo que tantas veces le ha sostenido en Europa y no bajará los brazos hasta que el árbitro señale el final. De eso tampoco hay ninguna duda. Lo relevante, sin embargo, es otra cosa: a diferencia del Barça, el Madrid no solo se juega una eliminatoria, sino toda la temporada.

Porque si el Barça avanza en Champions, en el Bernabéu empezarán a mirar de reojo lo que puede venir. Y no es poca cosa. La sola posibilidad de que el eterno rival siga vivo en Europa y, además, aspire al doblete, convierte estas horas previas en una prueba de ansiedad para el madridismo. A todo eso, que ambos caigan en la Champions también penaliza más al Madrid. En ese caso, el equipo de Florentino Pérez cerraría otro curso sin ninguno de los tres grandes títulos. Es decir, otra temporada en blanco.

Y eso sería un nuevo fracaso. Sobre todo para un proyecto que, tras la apuesta por Mbappé, parecía destinado a arrasar. Cuando se ficha para “comerse el mundo”, no ganar se convierte en algo más que una decepción. Se convierte en una evidencia de que algo no se ha hecho bien.

En fin, que vienen 48 horas de alto voltaje. Días de los que dejan huella, porque pueden disparar la euforia o destapar todas las carencias. El Barça, pase lo que pase, al menos mantendrá el horizonte de La Liga. El Madrid, en cambio, corre el riesgo de quedarse sin nada y, lo que es peor, sin argumentos.