Opinión
En el hotel no hay amor

Así luce el Spotify Camp Nou antes del inicio de LaLiga 2025-26 / FC BARCELONA
'L'Estadi' es nuestro hogar, y hoy siento que hace ya demasiado tiempo que lo dejamos, y empieza a afectarnos colectivamente. Sí, se puede vivir de alquiler, como quien comparte piso con tres atractivas erasmus (que con el tiempo te parecerán petulantes), un gato que no es tuyo y una cocina por turnos… pero no es lo mismo. El Camp Nou es nuestro salón, nuestro comedor, nuestra fresca terraza, nuestro váter, en el que nos aposentamos sin estar pendientes de la puerta y, que, con un Sport en las manos, el tiempo se detiene. También es ese dormitorio donde guardamos con celo la nostalgia de ese amor infinito. Sin estadio propio, somos inquilinos de la vida con las mismas emociones de quien pasa la Navidad en un hotel de carretera donde suenan villancicos en pasillos con luces de colores… pero todo resulta, íntimamente, mentira.
Tener un hogar es calor y cobijo. En tu casa celebras cumpleaños, ríes, riñes, compartes, y hasta conmemoras la ausencia de aquellos que se fueron demasiado pronto. ¿Acaso no hemos llorado, juntos y abrazados, derrotas como si fueran funerales, o aplaudido al niño que sopla las velas, como en la grada, el debut del juvenil emocionado?
Luego está la ilusionante reforma: “¡vamos a modernizarnos!”. Y abres un tabique para ampliar la cocina y descubres que la casa entera se aguanta gracias a un ladrillo torcido. Y ahí estamos: empezamos cambiando butacas y tal vez tengamos que hipotecar hijos y nietos con voces denunciando que no era la empresa adecuada, que había otras ofertas más seguras, que los tiempos no son veraces y la información ha sido dantesca: ¡Vaya! que hemos atendido ese anuncio que prometía ático en la Bonanova con piscina por el precio de un loft en L’Hospitalet. Y ya sabemos cómo acaba esa ganga: con la plasta de tu suegra gritando a tu mujer “ya te lo dije”, mientras cocinas en un camping gas.
Y aun percibiendo que se ha caído en la inocencia y la improvisación, hay que aplaudir la valentía de Laporta de darle al martillo. Porque es fácil criticar la humedad del baño, pero otra cosa es ponerse a arrancar los azulejos con tus propias manos. El club empezó la obra. Bravo. Aunque hoy comprobemos que los plazos están siendo una comedia italiana y el sobrecoste apunta a culebrón venezolano.
'L'Estadi' es el hogar. No. No es cemento y ladrillos. Es el olor a sofrito de los domingos, la mancha de beixamel en el mantel de Sant Esteve y el olor mágico del bebé recién llegado a casa. Nuestro hogar es nuestra vida, y necesitamos volver urgente. El oxígeno del respirador del abuelo, está ya en su reserva.
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