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Entre la historia y la salsa Barbacoa

La Capital se lleva El Nuevo Clásico y Lamine manda 'a dormir' a Ibai

Hay decisiones que solo pueden salir de un 'brainstorming' con poco descanso y demasiada cafeína. ¿Quién pensó que el mejor jugador del mundo -repito, el mejor- debería, ya no pasarse por la Kings League (que puede hacerlo en momentos idóneos) sino tener un papel activo y protagonista en ella, y más en la previa de un Madrid-Barça?

¿Quién no atinó a pensar que ese encuentro puede resultar determinante a final de temporada, para premiar o condenar el esfuerzo de toda una temporada y hasta de todo un equipo, si la cosa acaba dependiendo de tres putos puntos?

La Kings es una maravilla, una especie de parque de atracciones futbolero donde las normas son variables, los presidentes son streamers con nombres delirantes y el balón se mueve al ritmo del algoritmo. Pero lo es y lo ha de ser para un tal Perchita, para el gran Ibai o para el referente e inimitable Gerard Romero, no para él si aspira a ordenar su existencia en la sagrada misión de convertirse en la admiración mundial del balompié.

¡Piqué encantado, y lo entiendo! Tenerlo como presidente en su show es como tener a Shakespeare de guionista en la Isla de los famosos. Pero el chico, que lleva el fútbol en las venas, la ambición en los ojos y la excelencia en los pies, no necesita ponerse una capa de circo para dar espectáculo. Él, es espectáculo.

Mozart en una charanga

Y meterlo en un formato donde un dado de gomaespuma sustituye la estrategia de un entrenador universal, es como meter a Mozart en una charanga. ¿De verdad alguien piensa que su carrera es compatible con participar en una liga donde el disparate prima sobre el regate?

Sí, la Kings League es enloquecida y divertida, y lo es para su público, para sus creadores de contenido, para los que se disfrazan de futbolistas “pro” los domingos. Pero el Barça está jodido y no está hoy para disfraces.

Y él, con solo 18 añitos, está para aprender, para enamorar, para vencer, y si es cauto y metódico, para marcar una época. Y eso, lo siento, no se consigue compartiendo box con un streamer chillón vociferando entre anuncios.

Lamine Yamal -pongámosle nombre, porque ya todos saben de quién hablamos- no necesita ruido. Necesita fútbol sin molestias, entrenadores que le reten, competiciones que le templen, hogares que le cobijen y descansos que le protejan. No sesiones de contenido. No 'reels' virales que encabronan a sus rivales. No poner su tobillo en un “penalti presidente” a cambio, no de gloria, sino de un like.

Y te hago un ruego, Lamine: Solo tú lo logras. Cuando vuelvas a pisar un campo de futbol, haz que huela a historia… no a Taco Bell de luxe con salsa barbacoa.