El fenómeno Usain Bolt: 20 años de entrenamiento para correr 115 segundos.

Héroes Olímpicos: Usain Bolt

OPINIÓN

Josep González

Era un niño larguirucho, con una pierna derecha más corta y la columna desviada por una escoliosis, pero galopaba, descalzo sobre la hierba, como un galgo. En sus genes, como todos los jamaicanos que descienden de esclavos de África occidental, llevaba inoculada actinen A, una sustancia que contrae las fibras musculares.

Siendo adolescente, su compatriota Asafa Powell, ex plusmarquista mundial de 100 metros, consciente del potencial que atesoraba lo persuadió para que entrenase duro y alejara su cuerpo de los clubes nocturnos a los que acudía asiduamente.

Cerca de la veintena, Usain Bolt lucía una constitución espectacular pero alejada del arquetipo de los musculosos velocistas de su época: alto (1,95 metros), estilizado y fibroso (86 kilos). Su salida desde los tacos no era explosiva, pero una vez lanzado rozaba casi los 45 kilómetros por hora, recorriendo 12,5 metros por segundo gracias a sus zancadas de 2,84 metros.

Bolt no tardaría en iniciar una nueva era en el mundo del atletismo. El escenario, todo unos Juegos Olímpicos, Pekín 2008. A punto de cumplir 22 años, se llevaría de una tacada tres oros y otras tantas plusmarcas mundiales en 100 metros -firmaría un increíble 9.69 pese a dejarse ir en los últimos metros para celebrarlo-, 200 metros -batiendo con 19.30 el récord de Michael Johnson y 4x100. Su superioridad era pasmosa.

Ya había igualado con sus dos preseas doradas en 100 y 200 a Jesse Owens y Carl Lewis. Y, en su Jamaica natal, ya era más popular que el reggae de Bob Marley… En Londres 2012, Bolt continuaría dejando su impronta en la historia.

Tres años antes ya había rebajado a unos estratosféricos 9.58 el hectómetro y, en la capital londinense, detendría el crono en 9.63 para colgarse el oro en la que sería considerada la mejor carrera de todos los tiempos.

Sumaría otro oro en los 200 casi paseándose y otro más en los 4x100. Su gesto apuntando al cielo como un rayo sería habitual en las pistas. “Yo soy la leyenda”, sentenciaría arrogante tras su ‘doble doble’ a la vez que proclamaba “no tener ningún respeto por Carl Lewis”.

EL ‘TRIPLE-TRIPLE’

Y de 2012 llegaría a 2016. Sus cronos, cada día más, se alejaban de sus plusmarcas. A Río llegaba con 29 años y recuperándose de una lesión en los isquiotibiales. Aun así, triunfaría de nuevo en los 100 (9.81), los 200 (19.78) y los 4x100.

Había logrado una hazaña sin precedentes, un ‘triple-triple’, tres medallas de oro en tres Juegos. Dejaría el tartán un año después. En su última carrera, en los Mundiales de Londres, Usain Bolt, en la final de relevos 4x100, hacía la última posta.

A 50 metros, tras tomar el testigo, sufrió un calambre. Cayó a la pista. Con una expresión de dolor en su cara, se levantó y renqueando logró cruzar la línea de meta. Ahí acababa todo. “No necesito probar nada más. Soy el más grande”. Nadie lo dudó... 

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