Héroes Olímpicos: Michael Phelps

Héroes Olímpicos: Michael Phelps

Josep González

Josep González. Licenciado en Ciencias de la Información, se inició en el periodismo deportivo de la mano del desaparecido diario Dicen y en TVE-Catalunya durante los Juegos Olímpicos de Seúl 1988 para posteriormente recalar en SPORT, donde lleva más de un cuarto de siglo de vida periodística y donde en la actualidad ejerce de Redactor-Jefe de Edición y Cierre.

Michael Phelps
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Michael Phelps cierra la serie de los héroes olímpicos. Aún lidera, con 28 medallas, el ranking olímpico. Hoy, su lucha está fuera del agua.

Tras diagnosticarle con 7 años un trastorno por déficit de atención con hiperactividad, se sumergiría en el agua como terapia. Y, con apenas 10 años, rompía ya récords de precocidad en la piscina. Con 31 años era una leyenda, el deportista más laureado de la historia de los Juegos con 28 medallas y el mejor nadador de todos los tiempos. Toda una vida, una carrera, aparentemente, de película... que escondía luces y sombras.

Su biografía olímpica escribía su primer capítulo en Sydney 2000. Acudía con solo 15 años. No ganó ninguna medalla pero acabaría quinto en la final de 200 mariposa. Cuatro años después, en Atenas 2004, Michael Phelps deslumbraría al planeta: seis medallas de oro y dos bronces. Se quedó a una presea dorada de igualar al legendario Mark Spitz. Ser una estrella con solo 19 años, un joven triunfador, era algo difícil de gestionar. Y fallaría. Sería arrestado por conducir ebrio y sentenciado a 18 meses de libertad condicional. Una mancha a su reputación. 

Pasarían otros cuatro años más y otros Juegos. Y, ahora sí, en Pekín 2008 haría historia colgándose ocho medallas de oro, un hito sin precedentes que nadie antes había logrado. Otra vez el éxito llamaba a su puerta. Y otra vez volvía a las andadas. Una foto suya fumando marihuana en una pipa de agua daría la vuelta al mundo. No sería procesado, pero su imagen quedaba de nuevo por los suelos. 

En el deporte, todo era distinto. Habiendo alcanzado ya el Olimpo, a Phelps le quedaban pocas metas por cumplir. Aun así, acudiría a Londres 2012 con más ansias de metales. Y no defraudaría. Aumentaría su ya excelso palmarés olímpico con cuatro oros y dos platas más. Parecía saciado. Y anunció su retirada: “Estoy harto. Quiero dejar de nadar”. 

Meses después daría marcha atrás. Volvía al agua. Su obsesión era competir en Río 2016, sus quintos Juegos. Un par de años antes, sin embargo, otro tropiezo dejaba en el aire este último desafío: nuevo positivo por alcohol conduciendo por exceso de velocidad. Le caerían seis meses de suspensión por parte de la federación estadounidense, que también le dejaría fuera de los Mundiales 2015. Phelps sabía que había tocado, otra vez, fondo. Pasaría 45 días en The Meadows, una clínica de rehabilitación en Arizona habitual entre las ‘celebrities’. Y emergió del pozo. Y llegó a Río. Y volvió a lanzarse desde el poyete. Y resplandeció de nuevo: cinco medallas de oro y una plata a los 31 años. 

Ahora sí era su adiós a la natación. Su famoso ‘estilo delfín’, ese potente aleteo que le permitía, tras los virajes, propulsarse sumergido varios segundos, no volvería a verse nunca más. Años después de su retirada, Michael Phelps confesaría que mientras peleaba por sus logros deportivos también combatía contra una profunda depresión que lo había dejado al borde del suicidio. Hoy día aún sigue luchando… 

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