Florence Griffith, en 1998

Héroes Olímpicos: Florence Griffith

OPINIÓN

Josep González

Su extravagante ‘look’ corriendo con larguísimas uñas coloreadas, rostro maquillado y refinados peinados eran sus señas de identidad sobre el tartán. Su nombre saltaría a las portadas de los periódicos un 16 de julio de 1988. ‘Florence Griffith corrió como un hombre’, titularon. A dos meses para los Juegos de Seúl, en los ‘trials’, las pruebas de selección olímpicas de Estados Unidos, la atleta asombraba al mundo al correr los 100 metros en 10.49, una marca estratosférica para una mujer.

Retrocediendo ocho años atrás, una jovencísima Griffith, que había destacado en los Campeonatos Universitarios, lograba plaza para Moscú 1980 pero el boicot de EE.UU. frustraría su debut olímpico. Debería esperar a Los Ángeles 1984, donde solo se llevaría de botín una plata en los 200 m. Y así llegaría ese 1988 que lo cambiaría todo. Tras la gesta en los ‘trials’, unas semanas después todos los ojos miraban a Florence Griffith. Y lo que hizo en los Juegos de Seúl sería impresionante: oro en los 100, oro en los 200, oro en los relevos 4x100 y plata en 4x400. La cosecha de medallas, sin embargo, no estaba libre de sospechas. En aquellos mismos Juegos, Ben Johnson había sido cazado tras usar anabolizantes, pero la estadounidense superó todos los controles antidoping y no hallaron ninguna prueba contra ella. Nada de eso bastaría.

Cuestionaban que su musculatura fibrosa no era producto de los duros entrenamientos. Y su inesperada retirada dos semanas después de Seúl, en la cúspide de su éxito, aumentaría los recelos ya que su adiós coincidía con la implantación de controles obligatorios aleatorios y los rumores que apuntaban al uso de la hormona del crecimiento, indetectable en aquellos tiempos.

Tras dejar las pistas, Griffith ganaría millones de dólares gracias a ‘Flo-Jo’, una muñeca similar a Barbie inspirada en la atleta. Empresaria de éxito, dejarían de hablar de sus dudosas marcas en el tartán… hasta el 21 de septiembre de 1998. Aquel día, hallarían su cuerpo sin vida en su casa de California. La autopsia determinaría que su muerte, a sus 38 años, fue causada por una asfixia tras una convulsión epiléptica, no por consumo de anabolizantes en el pasado. Tres décadas después, sus increíbles marcas, con o sin doping, continúan vigentes y no han sido aún batidas.

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